¿Quién no recuerda las tardes de estío cuando nos quisimos?
Como prófugos buscando libertades en el cuerpo del otro,
apasionante e ígneo era cada instante, ¡Tanto nos quisimos!
que una caricia valía mas que el sexo, una hoja más que el oro.
Nos quisimos preternaturalmente; exuberantes amantes fuimos
y aunque siempre bebimos del amor el mismo vino,
al final nos embriagamos distinto, y sin saberlo huimos
al interregno, donde con besos las verdades y en silencio mentimos.
Porque no somos perfectos: esculturas que nos definimos con el viento,
con las ganas y con el frio, ¿Por qué no? Y sin llegar al destino
afianzaba solidas tus manos entre las mías, procurando en ese movimiento
que el mundo nos pasara de largo y viviéramos en un ligero infinito.
Porque nos quisimos con el desespero que da la relatividad del tiempo,
con las ganas de hacer energía nuestras pieles e inmortalizar nuestro mirar;
con los crescendo adornando nuestro paisaje, nuestro momento,
con un blues descargando el sentimiento en nuestro armónico palpitar.
Nos quisimos, tal vez distinto. Yo, un suicida que lo da todo. Tú, ¿Quién sabe?
Nadie entiende de enigmas alegóricos por ecuménicos que sean,
nadie entiende de amores puros por loables y anhelados, salvajes y suaves.
¿Quién no supo que nos amamos, al solo vernos voltear sin palabra mediar?
Porque nos quisimos, pero ya no lo hacemos. Decía Neruda y decía bien:
“Es tan corto el amor y tan largo el olvido” E imagino, lloraba.
Tanto dolor implícito pero imperceptible, de amantes que sin saber porque, mueren.
Hoy todo es distinto, llueve igual aunque ya no estás conmigo.
Arquieta