Archive for febrero, 2012


III

En una noche solitaria
quise adentrarme a la parte más oscura,
con algo de alma libertaria
quería contemplar lo contrario a la altura.

En esa tierra de malignos
quería sufrir sobre mi piel,
tal vez sin destino,
tal vez sin fe.

¿De qué sirve caminar siempre
sobre senderos iluminados?
¿De qué sirve estar sólo entre
glorias divididas y pensamientos unificados?

Me separé de todo lo mío,
y quedé desnudo.
Sentía nuevamente el frío
que me golpeaba mudo.

Me miraban todos desde lejos,
de manera divertida.
Aunque algunos decían perplejos:
“Hay quienes no viven la vida”

Me adentré denodado en la bruma
donde el suelo parecía de carbón.
Y las dudas subían dentro mío como espuma,
ahogándome la razón.

De repente, veo algún contorno:
árboles putrefactos sosteniendo el cielo.
En este país todo se va sin posible retorno,
pero solamente se alejan por el suelo.

Ríos turbios y burbujeantes,
¿habré visto algo más amenazante?
Aquí toda vida dura sólo un instante,
y todo eco latente se hace asonante.

Y de la nada, llega cierto aroma,
vago como un sueño.
Dudando, mi vista se asoma,
arañando en lo incierto.

Rodeada de negrura y silencio,
está una flor erguida.
¿Será esto mentira, o será cierto?
¡Ay, pobre de mi razón perdida!

No se desvanece, sin embargo.
Y me acerco y alrededor me siento,
y viéndola me aletargo.
¿Hay algo que cautive más un sentimiento?

Dejó de importar toda la bruma,
los ríos pérfidos y el suelo de carbón.
Olvidé todo miedo y toda duda;
olvidé todo peso en el corazón.

Arquieta

Elegía negra y dorada

Nunca olvidaré lo que fue,
en aquellas tardes de estío
y en las noches de tanto frío,
momentos que ya no han de volver.

No dejaré caer en el olvido
ningún recuerdo escrito en la piel
mientras platicábamos en el idioma aquel
interpuesto en las miradas como un río.

Hay senderos que deben recorrerse en soledad;
y tan solo de pensar que habrá noches de lluvia
en las que no tendré ninguna visión tuya,
lloro lágrimas que no sé a donde irán a parar.

Y tú, que entendías más de la vida que yo,
como siempre tan denodado
sin dudarlo has marchado,
mientras me envuelve una nube de dolor.

Nuestros caminos siempre fueron diferentes;
tú, esa pequeña gran alma tan inocente
y que con caricias arrugabas la frente,
hiciste de un espacio vacío un eco latente;

y yo, este amasijo de nervios y coyunturas,
que a veces olvidaba
lo que más amaba,
me envolveré por las noches con cada imagen tuya.

Nunca olvidaré lo que es,
estando solo o acompañado,
riendo o llorando,
hay cosas que sólo se viven una vez.

Impregnando de magia
una vida con olor a cotidiano;
mientras van pasando los años
sin oírte más por la ventana.

Arquieta

Hondonada del Rey

No hay amigos cerca,
ni enemigos con quien pelear.
No hay manera de esconderme
en este mundo lleno de mentiras.

Mi voluntad se ha perdido
detrás del horizonte de la esperanza.
Mi fe está marchita
y nunca volverá a florecer.

Mi nombre vaga en el viento,
llegando a estrellas opacadas.
Mis sueños para siempre rotos
en cada noche desperdiciada.

Mi silueta tallada a fuego
en el muro inquebrantable de los lamentos,
dentro del salón del olvido,
de donde no podrá salir.

Mi camino ha llegado a su fin
en el borde de la vida misma.
Mis ojos se cierran acompasados
por el silencio del delirio.

Mi voz silenciada para siempre
en este andar cotidiano.
Mi búsqueda al fin termina
sin haber encontrado la verdad.

No hay victorias que cantar
ni glorias para recordar.
No hay lágrimas perdidas
derramadas en las derrotas de la memoria.

Nunca más volveré
después de haber entrado a la sombra.
He llegado hasta aquí silbando alegrías
y llorando sonrisas.

Arquieta

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