Categoría: Poesía


Dónde Amapolas Nacen Ya

La vida se me presenta como un árido desierto
lleno de monotonía para mí;
es cierto que las dunas cambian cada día,
pero siguen siendo sólo dunas.

Los detalles se fueron haciendo insípidos
conforme el peso de los años me malgastaba;
los pequeños placeres que aderezan las tardes pérdidas
se extravían en los entresijos de la memoria.

Las amistades olvidaron su relieve
y se congregan en una llanura sin fin…
mientras intento regocijarme
con pláticas lacónicas y superfluas.

¿Dónde ha quedado la explosión celular
ante las vueltas de un laberinto, que se me antoja
ahora puramente paralelo?
Paredes que me dan un infinito, mientras me limitan.

Así, el tinte vitalíneo de esta plastificada historia
fue adquiriendo maestría en los tonos grises.
Y los deleites del tacto que tan centelleantes eran
supieron apagarse en aguas pérfidas y mustias.

Y en medio de esta decepcionante –a falta de calificativo mejor-
vida en que se fue convirtiendo mi existir,
llegaste con una sombra de duda y una incertidumbre intrínseca,
que, lejos de atenuar, iluminaba danzarinamente;

de forma burlona, de forma extática,
acariciando como lenguas de fuego
sobre cada centímetro de mi piel.
Lo lejano, dejó de importar.

Una revolución interna nació
con ganas de derrocar un viejo imperio impío,
lleno de lástimas incongruentes
y situaciones amortiguantes.

Quería movimiento y Dinámica eras tú.
Quería sentimiento y Música eras tú.
Quería un universo y Física apareciste;
y cuando quise la verdad, en Amor te convertiste.

Cualquier cosa que no fuese el conjunto
de tus átomos no importaba.
Lo único que existía era tú única e individual
curvatura del espacio-tiempo.

Y los pilares de mi mente adoptaron tu nombre;
te hiciste mi Ciencia. Te hiciste mi Religión.
Creí de forma rebelde en ti…
Tú, la Naturaleza misma de todas las cosas.

Arquieta

I

Le veía a sus ojos y no creía,
que puedan brillar más que el sol;
tan equivocado estaba ese día,
¡como lo sigo estando hoy!

Siempre pensé que era temor
lo que buscaba opacar su belleza;
temía trasnochar en dolor
este amor que me embelesa.

Ella no sabe que es causa
de huracanes y terremotos;
¿por qué no ser mariposas?
¡y que las sufra otro!

Arquieta

II

Me pregunto de donde nacen los rayos
que salen de tu mirar.
Nunca vi en ojos tan claros
tan peligroso azar.

Se revolvía mi alma en torbellinos
de vientos negros y abismos;
luchando contra este delirio
que se enrolla sobre si mismo;

acongojada y caliente
por llamas desesperadas,
¡Nunca temí tanto ser valiente,
pero temía más no hacer nada!

Arquieta

III

En una noche solitaria
quise adentrarme a la parte más oscura,
con algo de alma libertaria
quería contemplar lo contrario a la altura.

En esa tierra de malignos
quería sufrir sobre mi piel,
tal vez sin destino,
tal vez sin fe.

¿De qué sirve caminar siempre
sobre senderos iluminados?
¿De qué sirve estar sólo entre
glorias divididas y pensamientos unificados?

Me separé de todo lo mío,
y quedé desnudo.
Sentía nuevamente el frío
que me golpeaba mudo.

Me miraban todos desde lejos,
de manera divertida.
Aunque algunos decían perplejos:
“Hay quienes no viven la vida”

Me adentré denodado en la bruma
donde el suelo parecía de carbón.
Y las dudas subían dentro mío como espuma,
ahogándome la razón.

De repente, veo algún contorno:
árboles putrefactos sosteniendo el cielo.
En este país todo se va sin posible retorno,
pero solamente se alejan por el suelo.

Ríos turbios y burbujeantes,
¿habré visto algo más amenazante?
Aquí toda vida dura sólo un instante,
y todo eco latente se hace asonante.

Y de la nada, llega cierto aroma,
vago como un sueño.
Dudando, mi vista se asoma,
arañando en lo incierto.

Rodeada de negrura y silencio,
está una flor erguida.
¿Será esto mentira, o será cierto?
¡Ay, pobre de mi razón perdida!

No se desvanece, sin embargo.
Y me acerco y alrededor me siento,
y viéndola me aletargo.
¿Hay algo que cautive más un sentimiento?

Dejó de importar toda la bruma,
los ríos pérfidos y el suelo de carbón.
Olvidé todo miedo y toda duda;
olvidé todo peso en el corazón.

Arquieta

Elegía negra y dorada

Nunca olvidaré lo que fue,
en aquellas tardes de estío
y en las noches de tanto frío,
momentos que ya no han de volver.

No dejaré caer en el olvido
ningún recuerdo escrito en la piel
mientras platicábamos en el idioma aquel
interpuesto en las miradas como un río.

Hay senderos que deben recorrerse en soledad;
y tan solo de pensar que habrá noches de lluvia
en las que no tendré ninguna visión tuya,
lloro lágrimas que no sé a donde irán a parar.

Y tú, que entendías más de la vida que yo,
como siempre tan denodado
sin dudarlo has marchado,
mientras me envuelve una nube de dolor.

Nuestros caminos siempre fueron diferentes;
tú, esa pequeña gran alma tan inocente
y que con caricias arrugabas la frente,
hiciste de un espacio vacío un eco latente;

y yo, este amasijo de nervios y coyunturas,
que a veces olvidaba
lo que más amaba,
me envolveré por las noches con cada imagen tuya.

Nunca olvidaré lo que es,
estando solo o acompañado,
riendo o llorando,
hay cosas que sólo se viven una vez.

Impregnando de magia
una vida con olor a cotidiano;
mientras van pasando los años
sin oírte más por la ventana.

Arquieta

Hondonada del Rey

No hay amigos cerca,
ni enemigos con quien pelear.
No hay manera de esconderme
en este mundo lleno de mentiras.

Mi voluntad se ha perdido
detrás del horizonte de la esperanza.
Mi fe está marchita
y nunca volverá a florecer.

Mi nombre vaga en el viento,
llegando a estrellas opacadas.
Mis sueños para siempre rotos
en cada noche desperdiciada.

Mi silueta tallada a fuego
en el muro inquebrantable de los lamentos,
dentro del salón del olvido,
de donde no podrá salir.

Mi camino ha llegado a su fin
en el borde de la vida misma.
Mis ojos se cierran acompasados
por el silencio del delirio.

Mi voz silenciada para siempre
en este andar cotidiano.
Mi búsqueda al fin termina
sin haber encontrado la verdad.

No hay victorias que cantar
ni glorias para recordar.
No hay lágrimas perdidas
derramadas en las derrotas de la memoria.

Nunca más volveré
después de haber entrado a la sombra.
He llegado hasta aquí silbando alegrías
y llorando sonrisas.

Arquieta

XI

Nadie comprende la desgracia que esconde un verso herido,
aquella llena de besos rotos y de “te amo” perdidos.
No se puede disimular con un gesto gentil
la bofetada sempiterna de la despedida.

Desfila con esa gracia épica
de mil relatos y leyendas.
Y yo voy desvaneciéndome
en los espacios de sus pasos.

En los revoltijos de su pelo.
En las caricias del sol sobre su piel.
En las paredes de la ciudad
que van soñando con tocarla.

En el intervalo de un parpadeo
asoma una mueca llena de dolor.
Es en el arte de lo efímero
donde la desgracia no tiene maestría.

Y nuestra distancia se solidifica.
Se llena de mares bravíos,
de sueños cansados,
de recuerdos vacíos.

Y nuestra ausencia edifica
laberintos interminables,
oportunidades vencidas,
manos olvidables.

Me sumerjo en su aroma,
y soy sólo un sueño.
Soy sólo una idea.
Un instante…

Arquieta

Epifanía

La tranquilidad de la noche deja sentirse,
como dentro de un conjunto de ondas densas
donde lo exterior queda tan lejano.

Se enaltecen las ganas, se adormecen las ansias
y queda el puro deseo de ser teóricamente
sin existir prácticamente.

Adentrarse en las peligrosas aguas oscuras
donde se nutren las ideas más extrañas
y emerger, contradictoriamente, iluminado.

Satisfacer cada pizca sulfurada de deseo
como quien alimenta un sueño.
Y tratar de no desistir ante el inexorable final.

En medio de este trance y letanía,
aparecen fugaces imágenes de algo que fue,
pero que ya no tenía.

Se entremezclan extravagantes aromas
de situaciones perdidas
en el baile de lo que no es.

Y explotan lágrimas sin sentido
que nacieron disfrazadas de sonrisas
cuando la situación lo requería.

Justo en el clímax, paradójicamente,
la quietud gobierna con mano impía
a los estados más agitados.

La emoción se subleva, los sentimientos se amontonan,
los pensamientos se aglomeran y las fuerzas envalentonan.
Un estado ídilico se alcanza, y sin embargo, algo se pierde…

E, impresionado ante la epifanía del momento,
bajo los brazos, calmo la respiración, enfoco la mirada
en esa imagen tuya que domina el instante…

Diego

Silencio

Siendo honesto, he de decir
que he ido claudicando en el silencio
con que se va tejiendo
el enmarañado telar de tus pasos,
forjándome un futuro incierto.

¿Qué hacer cuando se contempla
una hermosa estrella, y saber qué,
por más que le recite poemas
seguirá brillando, lejana y sin mí?

Cada sueño es una epifanía repetida
sobre la odisea cotidiana
de no vencer la osadía y revelar
que la figura que esculpen mis pensamientos
y sentimientos, eres tú.

Hay más verdad en el óleo
que la que cuentan los colores;
y en toda música hay más
que la suma de sus partes.
En cada palabra tuya, hay átomos tan bellos
y sonrisas escondidas.

Arquieta

Ella no sabe

Ella no sabe que cuando la veo, lo hago con ojos de enamorado.
Que cuando me habla, desearía besarla;
y que de entre sus manos brota una luz burbujeante
que cuando me golpea, me acaricia suavemente.
Y entre sus cabellos veo mis sueños retozando tan pequeños comparados con su sonrisa.
Ella no sabe que con su palabra cotidiana alimenta mis ideas,
y que sólo hace falta un roce no intencionado para quemarme la piel.
Que, brisa de otras partes llevarán su aroma irremediablemente ante mí,
y me hará sentir de tal forma, que creeré que el mundo es un lugar un poco más sincero.
Y de la nada ella volteará a verme, víctima de algún reflejo, haciéndome sonreír.
Ella no sabe…

Arquieta

Algo más

Cuando mis brazos se levantan y el cielo se ennoblece
y las nubes van cantando canciones que envilecen;
mientras en derredor la tierra se resquebraja
y de los amores fortuitos no quedan ni migajas…
y los rayos de luz oblicuan los sueños que no se tienen
porque las ganas simplemente ya no pueden;
cuando cierro los ojos buscando entrever
instantes pasados en tu bello cuerpo del ayer;
tratando de dilucidar
si hay algo que esté bien o que esté mal…

Cuando imagino hordas de hombres valientes
quebrándose entre tus cabellos y sus simientes,
y la Luna va girando despacio
difuminándose en tiempo y espacio;
y entonces, clarificándose en el vacío
se ve la silueta de un corazón, bien tuyo o mío…
mientras resuenan vibrantes glorias inalcanzadas
de mentes que por pensantes fueron destrozadas;
se cae en el olvido
cada instante vivido.

Cuando piso fuerte y me siento liviano
al tiempo que oigo palabras no en vano;
y la lluvia llega para unificar
de manera magistral
sensaciones que se creen prohibidas
por ser demasiado vividas;
entonces, entre éste galimatías
tengo cosas que decir que ya sabías.

La dulzura de la flor opacada por la de la espina;
y una gota de sangre se derrama y tilda.
El brío de los mares que vienen silvando,
que, a lo lejos, las tierras se van acabando.
La brevedad del beso que nace victimario de un presagio
y cae siendo víctima sin resabio.

Pero juro que dentro de mí hay cosas
que no te he dicho estando a solas.
No hablo de la chispa fugaz en la mirada
ni del fuego que quema sin quemar nada.
No hablo de las aguas prohibidas
que salen cuando deberías estar dormida.
No hablo de lo que se siente y ya,
juro que hay algo más…

Arquieta

Secreto

Quererte silentemente y naufragar ansioso
por las bellas costas de tu sentir.
Quererte a escondidas como temiendo perderte
sin haberte tenido nunca.

Verte y callar y fingir una sonrisa cotidiana
que se muere por ser aurora de tus noches.
Verte y pretender que por mi mente no pasa nada,
mientras se construye un ensueño.

Sufrir solitariamente por el pecado de verte.
Naciste siendo quimera
y tal vez mueras de esa manera.
Pero el horizonte, aunque infinito, no se escabulle para siempre…

Quererte en secreto para no romper la fantasía,
de que todo puede ser todavía.
Quererte como a una estrella en el firmamento, siempre lejana,
aunque lejana no te quiera toda la vida.

Escucharte y sucumbir al deseo oscuro
de ser lo que no soy, pero ser tuyo.
Escucharte y sentir estrellas y universos
aglomerarse para siempre en mi pecho.

Y comprender que hay cosas más allá de la vida
que, tal vez duren menos que la vida misma.
Pero comprender que el tiempo ya no importa,
si eres mía…

Arquieta

Elegía reprimida

Un abrazo al aire
y un beso tirado al piso.
Lágrimas en la ausencia
de un espíritu revocado.

Camino sobre las huellas
que dejaron tus silencios,
y contemplo absorto que detrás del cielo
hay completo un universo.

Cada instante vivido
suicidándose en alguna lágrima perdida.
Caer suplicando, sufriendo…
caer y luchar por no dejar de ser.

Pero contigo no sería distinto.
Son tus brazos una ausencia enmarcada.
Son tus labios un deseo callado.
Y detrás de ti hay tantos astros…

Te acompañaré, más enamorado que decidido,
a donde las preguntas carecen de significado.
Caminando descalzos sobre el suelo fresco,
agarrados de la mano, sabremos…

Arquieta

Imágenes

Yo he visto como has ido jugando
con la luz y la oscuridad.
Como haces un paraíso
de una casa vacía.

Reflejarse en sutiles diferencias
lo abstracto de sueños infinitos.
Construirse entre ligeras sombras
besos escondidos.

Yo he visto como un sentimiento
era plasmado en un instante.
Como rociabas con dulzura elegante
una desesperación inocua.

Perfilarse entre lo cotidiano
lo maravilloso de existir;
sucumbir ante el deseo puro
de ser lo que no somos.

Volar y sentir el viento
como sueños de Abril.
Correr y perderse
en una llanura sin fin.

Yo he visto tu mirada
erguirse entre tantos vacíos.
Tu sonrisa deslumbrar
tal cual astro lejano.

E imaginar todo tu arte mientras juegas
con la luz y la oscuridad.
Como haces de un corazón vacío
una bella expresión de la eternidad.

Arquieta

Inevitablemente

Hay palabras que se dicen mejor con los ojos
y miradas que terminan con la boca;
caricias que se van con el viento
mientras nuestro presente cae en el olvido.

Inevitablemente será así,
somos dos entes propugnando reacios
ante la fragilidad del tiempo
y el frío y la ausencia;

caerán los astros justo en nuestra noche
para iluminar centelleantes a un beso, una idea.
Se nos consumirá con ira este fuego
que brota justo entre nuestro pecho.

Todo fue bello, pero no podía ser por más tiempo.
Caminando debajo de hojas doradas
recordarás en Otoño que hubo silencios que no dije
y miradas que me callé.

Recordaré justo cuando llueva en invierno
que te extraño, más por lo que no fuiste
que por lo que llegaste a ser.
Recordaré que todo es ahora una ilusión.

Hay amores efímeros que duran una eternidad;
mientras tu pelo ondeaba con el viento
y mi guitarra sonaba, éramos como un ensueño
contemplando juntos la vasta inmensidad.

Dos niños agarrándose al filo del abismo, jugando.
Y nada será más bello, hasta que volvamos a entregarnos,
pero ya no entre nosotros, ya no con nuestra pasión.
Ya no será tu boca la que bese ni mis brazos los que te sostengan.

Pero todo será mejor.
En la soledad, nuestra memoria será el bálsamo de la derrota
al saber que lo que menos prevalece,
es lo que en nuestro corazón más dura.

Arquieta

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