El día de hoy fue bastante tranquilo. Nada nuevo que contar, la verdad.
Durante la noche, mientras dormía, aparecía ella constantemente, siempre cercana y volátil. Todo paraíso y suerte materializados en su bella geometría de mujer, en su estructura de amor y sensualidad. Odio soñar así, porque el día me parece desabrido y me la paso pensando en lo que soñé; es casi como andar en automático hasta volver a dormir y esperar no soñar con ella otra vez, (pero debajo de todo pensamiento y deseo, no hay cosa que desee con más fervor) descansar tranquilamente y poder aprovechar el día que sigue. Sin embargo, no lo consigo muy a menudo.
Morfeo ha de mofarse tanto de mí al no dejar de molestarme así.
Juro que no habría satisfacción más grande que verla incluso dormido, si es que pudiese verla estando despierto. Pero no puedo, está lejos, abstraída en el horizonte que veo tanto creyendo estúpidamente, que, de la nada, se materializará y me vendrá a abrazar como tanto anhelo. Pero no sucede, nada pasa y no la veo, y los sueños me molestan.
Sin embargo, aún despierto y siendo plenamente consciente de mis facultades mentales, no sueño con otra cosa que no sea ella y vivo en esta marejada que me tiene en un vaivén de ideas y sentimientos por ella.
Harto, decido no hacer nada hoy, soñé con ella otra vez y todo en el día parecerá cosa de muertos, las rosas olerán a putrefacción y los colores serán opacos y sin valor. Decidido camino al sillón y me siento de forma pesada, trataré de ni siquiera pensar y esperaré a la noche. Siempre trato de hacer algo nuevo para olvidarme un poco de ella y no soñarla, pero irremediablemente la sueño, a excepción de esas veces que se cuela por mi ventana el insomnio y me acompaña toda la noche, y en ese caso, me la paso esforzándome de nuevo en no verla en mi mente, en no pensarla, en no sentirla, en no olerla, en no oírla…
Pienso en ir a traerme una bebida y desisto, “¡No! ¡Cállate!” me digo a mi mismo, dije no iba a pensar y sin embargo la bebida aparece dibujada en lo que creo es mi frente por dentro de mi cráneo, o algo parecido. Sólo prendo un abanico, si me da calor no dejaré de pensar en ello, así que debo estar agusto, entonces ¿Debería ir por la bebida? ¡No! Claro que no, ese es un capricho.
Empiezo muy bien, pasan minutos y minutos y no abro los ojos, no me muevo y me siento cómodo, “Vaya, hasta se siente bien esto, debería hacerlo más seguido” ¡Mierda! ¡Volví a pensar! No debo hacerlo, porque inexorablemente me conducirán los pensamientos a ella. Si pienso en la bebida, tengo que pensar en qué bebida quiero, en si se me antoja algo frío o caliente, y luego como víctima de un imán invisible, mis pensamientos metálicos dirán, “¿A ella que bebida le gustaría?” ¡Y mierda! Si pienso en el calor, empezaré quejándome de lo incómodo que es esto, que ambiente tan sofocante, y luego vendrán a mi cabeza ideas que mejor no describo por pertenecer en los linderos de lo privado, pero sí, tiene que ver con ella, y entonces, ¡Mierda! ¡Otra vez! Por eso mejor no pensar nada.
Pasa el tiempo, al fin consigo no pensar, si llego a moverme es pura reacción, nada de pensamiento, puro instinto. Eventualmente tampoco me muevo por instinto, escucho mi respiración lenta y acompasada, agradable. Nada me perturba, soy uno con el cosmos. A lo lejos, se oye un tic toc de un estúpido reloj de baterías, regalo inútil de algún familiar, ¡Chingado! ¡Tan molesto es! No me deja seguir en la pasividad, malditos relojes pacientes que no dejan de hacer su ruidito imperceptible normalmente pero que no nos deja en paz, tal vez le caiga un puto rayo y se pare. Sí, claro, un rayo dentro de la casa, mierda, tengo que ignorarlo. Relajo mi cabeza hacia atrás en el sillón y cruje, ¡No, no! Todo el maldito sillón empieza a crujir, incluso si me quedo quieto, de repente el muy hijo de puta hace algún sonidito innecesario, maldita sea ¡Y hasta se sienten! No puede ser, tan bien que estaba todo.. Ya, ya, a empezar de nuevo, ignoremos el tic toc y el pinche crujir del sillón este culero… ¡Genial! Ahora se oyen pájaros estar chingue y chingue afuera de la ventana, ¡Puta madre! ¡Pero si ya está oscureciendo culeros! Y como oí a los cabrones esos cantores, ahora no dejo de oir el viento silbar en la ventana y los carros andando por ahí, siempre tan malditamente parte del paisaje. Jódanse todos, no voy a oir el tic toc, el crujir del sillón, el viento silbando en la ventana, el cantar de los pájaros y los putos carros de la ciudad, que por cierto, deberían prohibirlos por contaminantes, que molesto es pasar al lado de uno y que llegue todo el tufo a gases y toda la onda de calor, y luego que por que se asa la Tierra. Bueno, todo es paz, todo es paz, ahora me callaré, bien… ¿Qué es ese zumbido? Maldito escándalo que se trae, ¿qué será? ¡Claro! ¡Lo que me faltaba! Puto refrigerador haciendo su escándalo, ¡¿Qué acaso cree que estamos de fiesta o que fregados?! No sé como nunca lo había oído, demonios… ¡Ya! No oigo nada, bloquearé mi sentido del oido, no oire nada… Vuelvo a cerrar los ojos, tampoco quiero ver nada, y me paso una playera encima de ellos para que no me moleste algún reflejo inoportuno, no puede algo molestarme por el sabor ya que no estoy comiendo, ni por el olfato porque está todo cerrado y huele a la pinche vela que compré la semana pasada, y el tacto no… pero claro, ¿De qué otra forma podría ser? Tengo ganas de orinar, no puedo creerlo ¡Maldita sea! ¿Voy o no voy? No, sino voy, mancharé el sillón, y no, mejor si voy, sirve que veo que hora es.
¡¡Qué!! ¿Sólo estuve sentado ahí una hora? ¡Joder! Iré al baño, agarraré la bebida, la disfrutaré un rato, me bañaré y me arreglaré, y… ¡A la mierda!
Iré a verla.
Arquieta