Me veo forzado a poner mis letras aquí, querido lector. Me veo forzado porque la inspiración no conoce de dueños ni de tiempos, y tu claro, tampoco. Aún así, no hemos tenido el placer de conocernos, aunque siendo justos, en estas tertulias y encuentros sin vernos, usted sabe más de mí que yo de usted. Pero no se preocupe, estoy acostumbrado a ello, pues la gente no se deja conocer solo por verles la cara y oir sus voces. ¿Sabe usted que es lo peor del caso? Uno en este ejercicio de andar describiendo lo indescriptible de narrar lo inarrable, va aprendiendo que los ojos y las caras dicen todo sin las palabras, y uno va viendo cuando la masa miente y no le queda de otro más que quedarse callado. Ellos tienen derecho a no contar, pero no a mentir, y la mayoría suele confundirlo todo.
Te confieso algo, lector que me acompaña, te he sido sincero lo más que he podido. Soy así, soy todo lo sincero que puedo. Es imposible serlo 100%, a veces le miento a mis padres acerca de a donde voy o con quien voy, a veces digo no saber nada cuando no sé como escaparme de revelar algo que se me pidió no revelar, y que con el simple hecho de decir que lo sé ya se revela. Hay ocasiones que no puede evitarse mentir, pero siempre lo he remediado diciendo la verdad después. Y a la gente que me es más cercana que nadie, a mis amigas indiscutibles, a esas sí, no les he mentido nunca y que Dios me perdone por ofrecer algo parecido a la sinceridad paradisíaca que el tanto protege.
Querido lector, puedes venir siempre a buscar refugio aquí, es este un pequeño oasis lleno de sinceridad y esfuerzo por ti, donde hallarás cabida siempre, te lo prometo. Sólo esta vez, permíteme hallar espacio en ti también, pues soy humano y sufro, como cualquier otro.
Déjame entrar en tu piel y olvidarme de quien soy, que la tristeza y el enojo, la ausencia y el odio han venido con fuerza esta vez y no planeo ceder. A todos nos toca. El karma no existe, sino, muchas cosas no me pasarían, lo sé, y otras que no me pasan, pasarían.
Hasta luego, lector.
Arquieta
