Latest Entries »

Impertinencia

Va cerrándose una compuerta de plomo
conforme la noche va descendiendo.
Ansío ver las estrellas y fingir ser otro
mientras la desdicha me va carcomiendo.

El oficio de poeta llega para pesar;
las letras se regocijan en el dolor
y aunque duelen no las dejo pasar.
Son mis escritos relatos de un triste amor.

Mis manos acariciando incensamente su ausencia,
mientras mis versos terminan estrellados
y suplico porque haya alguna diferencia
que reviva las ganas, las letras y apague los llantos.

Anhelante de al fin olvidarle
mientras se clava más y más en la memoria.
Soy como un niño pateando las aguas del mar,
en un intento frustrado de quererlas alejar.

Y me pierdo y no comprendo
y las emociones cada día se van perdiendo.
Entonces, noto como la compuerta de plomo empieza a clarear
y los rayos del sol, aunque débiles, me empiezan a lastimar.
Arquieta

Del sueño y la imposibilidad

Ella ha logrado lo imposible. Soy yo ahora un soñador que desea dejar de vivir en el mundo real; dormir y no despertar, porque sólo en los sueños está. Sólo en los sueños la tengo. Vino como una nube a reconfortar esta piel ardida por el sol, y se hizo la lluvia que tanto necesitaba mi boca. Ella es todo elemento existente; del amor, un perfecto ente. ¿Qué otra cosa podría uno soñar? Aglomera en su pequeño espacio la virtud de lo imposible y lo vanaglorioso del desafío. Es ella incertidumbre y bálsamo; néctar sempiterno de alegrías. Detrás de ella, hordas de hombres cantando victorias para asombrarla. Detrás de ella, mitos y leyendas buscando entretenerla. ¿Qué podría lograr yo, un pobre diablo, cuya única virtud es el verso herido de un corazón que sueña con imposibles?
Quisiera ya no despertar, y verle así, por fin, subyugada al deseo de un hombre. Mortal como todos, y aún así, distinta.
Capricho del mundo. Fuerza de la naturaleza…

Arquieta

La indiferente

No sabes como duele
pasarse la noche soñando con una mirada;
pasar la noche, como duele,
ahogándome en la esperanza.

Y verte, así azarosa y de repente,
y sentir tu mirada fría e inexpresiva,
¡Y sentir la caricia de la muerte
como burlándose de mi vida!

No sabes el desespero
que voy cocinando a fuego lento,
cuando imagino que siempre existirá un “pero”
aunque nunca exista un momento.

Pero, ¿qué puedes imaginar tú,
que has vivido siempre con tu hermosura?
Sé que andas triste y que nunca ves la luz,
aunque la única luz que exista sea tuya.

Sé que caminas triste, a veces, por la vida
y que todo se torna cansado
y que se hace gris la vista
y todo se vuelve pasado.

Y aún así, no sabes que eres alegría
en este pobre desdichado
quien cree que solo existe vida
si se está a tu lado.

Pero tú no lo sabes
y por eso tu gesto es indiferente,
mientras yo sigo en la sombra
cada vez más cerca de la muerte.

Arquieta

Carta sin razón

Yo no tengo nada que decirle, pero muchas ganas de comunicarme con usted. Usted que a mí no me da nada y sin saberlo me ha dado todo. Yo no veo su gesto indiferente, no, yo no lo veo. Sé que debajo de ese hielo está una pasión que se esconde. Sé que de cada silencio que expresa hay dos sueños que asoman por sus ojos. Eso es lo que yo veo en usted, que permanece silente y enajenada. No le culpo. Para usted los de mi especie somos todos de la misma carroña; adiestrados en el arte de la mentira para conseguir todo lo que no se diga. No le culpo.
Sé que encima de mí hay una bruma que todo lo oculta. Que pareciese ser yo solamente un transeúnte más, que pasando va. Usted no sabe que yo soy de los que siempre van pasando pero nunca se van. Soy como agua de río, nunca la misma pero siempre el mismo. El compás que se graba; la hoja que se cae; el aroma que no vuelve; la ausencia que siempre está.

Soy un nicho de paradojas y usted tiene encima una escafandra. Nos separa la literatura y nos separa la vida. Usted rodeada de céfiro, yo un alma maltrecha. De su boca se enciende el mundo y en mis manos expiran los deseos. Detrás de su hermosura, yo soy sólo una sombra, soñando con alcanzarle vez alguna. Juntos no podemos ser, pero no podemos ser sin el otro. Es tal nuestra naturaleza. Es cruel nuestro destino.

Arquieta

Epístola en un vacío

Siempre he soñado con ser escritor. Con dominar el artificio del verso, ya sea libre o métrico. De preferencia ambos. De poder transmitir, ya sea con rima o sin ella, un sentimiento claro y definido, pero que mantenga una ambigüedad lo suficientemente elocuente como para durar años y traspasar fronteras. Detrás de tanta verborrea, se iban conjugando los “hubieras” con el ayer, y de futuro me iban quedando las migajas que no me comía en mi silencio. Este silencio que suena. Este silencio de frases que se sueltan pero que ya no se agarran.
¿De qué sirve hablar y no ser entendido? No es el idioma el enemigo, sino la estupidez hiperrevolucionada. Esos premios sociales al que desperdicie su vida de mayor manera. ¿Qué más da? La vida es una ramera.

Soñaba con ser escritor para comunicarme con aquellas personas invisibles, que se disfrazan por la calle de transeúntes que no volverás a ver. De personas desconocidas que sin haber llegado se van, y de aquellas que siempre se están yendo pero nunca lo hacen. De gentes que hablan en este lenguaje figurado de sentimientos e ideas, y no en aquel donde lo único que se hace es compartir pragmatismos cotidianos sobre el futbol, el drama televisivo y la mierda recurrente disfrazada de novedad en movimientos que tienen mucho de manipulación y nada de criterio.

Ser escritor para hacerme entender, aunque tal vez ya hubiese pasado a la inexistencia. Por este afán ridiculizado de no poder vivir enteramente solo, de la misma manera imposible en que es vivir acompañado. Para ser rescatado de este naufragio donde no se me permite morir, pero tampoco escapar. Trato de crear un farol con las palabras; una barca con las estrofas que no me llevan nunca a ningún lugar.
El mejor amigo ante la adversidad es un libro, dice Fernando Delgadillo en una de sus canciones. Triste es saberse más unido a personajes de ficción que a entidades reales de carne y hueso. Lo cierto es que no busco algo tangible, sino hasta un simple maniquí bastaría, pero tampoco se busca una idea con presentación rectangular y sustancia orgánica aplastada. Pero es normal, si uno cavila lo suficiente, se da cuenta que cada escritor -y no sé si incluirme- elabora sus personajes de la manera que un bailarín elabora sus pasos: buscando que cada uno sea perfecto, ha ser posible, más perfecto que el anterior. En las vidas ficticias se plasman las vidas que se quisieron vivir, y en las acciones de la trama se pone lo que el autor hubiera querido hacer y no pudo, porque le faltó la sabiduría y el tiempo que se tiene frente a la hoja en blanco.

Seguiré perdiéndome en las letras, en un país que las desprecia. Inspirándome en ellas, aunque sean igual de incomprendidas que yo. Tal vez uno termina adquiriendo las características de su oficio. Tal vez…
Tal vez un día llegue a ser uno con ellas, como el pasto con el rocío; las estrellas con la tierra; o la soledad y el olvido…

Arquieta

Dónde Amapolas Nacen Ya

La vida se me presenta como un árido desierto
lleno de monotonía para mí;
es cierto que las dunas cambian cada día,
pero siguen siendo sólo dunas.

Los detalles se fueron haciendo insípidos
conforme el peso de los años me malgastaba;
los pequeños placeres que aderezan las tardes pérdidas
se extravían en los entresijos de la memoria.

Las amistades olvidaron su relieve
y se congregan en una llanura sin fin…
mientras intento regocijarme
con pláticas lacónicas y superfluas.

¿Dónde ha quedado la explosión celular
ante las vueltas de un laberinto, que se me antoja
ahora puramente paralelo?
Paredes que me dan un infinito, mientras me limitan.

Así, el tinte vitalíneo de esta plastificada historia
fue adquiriendo maestría en los tonos grises.
Y los deleites del tacto que tan centelleantes eran
supieron apagarse en aguas pérfidas y mustias.

Y en medio de esta decepcionante –a falta de calificativo mejor-
vida en que se fue convirtiendo mi existir,
llegaste con una sombra de duda y una incertidumbre intrínseca,
que, lejos de atenuar, iluminaba danzarinamente;

de forma burlona, de forma extática,
acariciando como lenguas de fuego
sobre cada centímetro de mi piel.
Lo lejano, dejó de importar.

Una revolución interna nació
con ganas de derrocar un viejo imperio impío,
lleno de lástimas incongruentes
y situaciones amortiguantes.

Quería movimiento y Dinámica eras tú.
Quería sentimiento y Música eras tú.
Quería un universo y Física apareciste;
y cuando quise la verdad, en Amor te convertiste.

Cualquier cosa que no fuese el conjunto
de tus átomos no importaba.
Lo único que existía era tú única e individual
curvatura del espacio-tiempo.

Y los pilares de mi mente adoptaron tu nombre;
te hiciste mi Ciencia. Te hiciste mi Religión.
Creí de forma rebelde en ti…
Tú, la Naturaleza misma de todas las cosas.

Arquieta

I

Le veía a sus ojos y no creía,
que puedan brillar más que el sol;
tan equivocado estaba ese día,
¡como lo sigo estando hoy!

Siempre pensé que era temor
lo que buscaba opacar su belleza;
temía trasnochar en dolor
este amor que me embelesa.

Ella no sabe que es causa
de huracanes y terremotos;
¿por qué no ser mariposas?
¡y que las sufra otro!

Arquieta

II

Me pregunto de donde nacen los rayos
que salen de tu mirar.
Nunca vi en ojos tan claros
tan peligroso azar.

Se revolvía mi alma en torbellinos
de vientos negros y abismos;
luchando contra este delirio
que se enrolla sobre si mismo;

acongojada y caliente
por llamas desesperadas,
¡Nunca temí tanto ser valiente,
pero temía más no hacer nada!

Arquieta

III

En una noche solitaria
quise adentrarme a la parte más oscura,
con algo de alma libertaria
quería contemplar lo contrario a la altura.

En esa tierra de malignos
quería sufrir sobre mi piel,
tal vez sin destino,
tal vez sin fe.

¿De qué sirve caminar siempre
sobre senderos iluminados?
¿De qué sirve estar sólo entre
glorias divididas y pensamientos unificados?

Me separé de todo lo mío,
y quedé desnudo.
Sentía nuevamente el frío
que me golpeaba mudo.

Me miraban todos desde lejos,
de manera divertida.
Aunque algunos decían perplejos:
“Hay quienes no viven la vida”

Me adentré denodado en la bruma
donde el suelo parecía de carbón.
Y las dudas subían dentro mío como espuma,
ahogándome la razón.

De repente, veo algún contorno:
árboles putrefactos sosteniendo el cielo.
En este país todo se va sin posible retorno,
pero solamente se alejan por el suelo.

Ríos turbios y burbujeantes,
¿habré visto algo más amenazante?
Aquí toda vida dura sólo un instante,
y todo eco latente se hace asonante.

Y de la nada, llega cierto aroma,
vago como un sueño.
Dudando, mi vista se asoma,
arañando en lo incierto.

Rodeada de negrura y silencio,
está una flor erguida.
¿Será esto mentira, o será cierto?
¡Ay, pobre de mi razón perdida!

No se desvanece, sin embargo.
Y me acerco y alrededor me siento,
y viéndola me aletargo.
¿Hay algo que cautive más un sentimiento?

Dejó de importar toda la bruma,
los ríos pérfidos y el suelo de carbón.
Olvidé todo miedo y toda duda;
olvidé todo peso en el corazón.

Arquieta

Elegía negra y dorada

Nunca olvidaré lo que fue,
en aquellas tardes de estío
y en las noches de tanto frío,
momentos que ya no han de volver.

No dejaré caer en el olvido
ningún recuerdo escrito en la piel
mientras platicábamos en el idioma aquel
interpuesto en las miradas como un río.

Hay senderos que deben recorrerse en soledad;
y tan solo de pensar que habrá noches de lluvia
en las que no tendré ninguna visión tuya,
lloro lágrimas que no sé a donde irán a parar.

Y tú, que entendías más de la vida que yo,
como siempre tan denodado
sin dudarlo has marchado,
mientras me envuelve una nube de dolor.

Nuestros caminos siempre fueron diferentes;
tú, esa pequeña gran alma tan inocente
y que con caricias arrugabas la frente,
hiciste de un espacio vacío un eco latente;

y yo, este amasijo de nervios y coyunturas,
que a veces olvidaba
lo que más amaba,
me envolveré por las noches con cada imagen tuya.

Nunca olvidaré lo que es,
estando solo o acompañado,
riendo o llorando,
hay cosas que sólo se viven una vez.

Impregnando de magia
una vida con olor a cotidiano;
mientras van pasando los años
sin oírte más por la ventana.

Arquieta

Hondonada del Rey

No hay amigos cerca,
ni enemigos con quien pelear.
No hay manera de esconderme
en este mundo lleno de mentiras.

Mi voluntad se ha perdido
detrás del horizonte de la esperanza.
Mi fe está marchita
y nunca volverá a florecer.

Mi nombre vaga en el viento,
llegando a estrellas opacadas.
Mis sueños para siempre rotos
en cada noche desperdiciada.

Mi silueta tallada a fuego
en el muro inquebrantable de los lamentos,
dentro del salón del olvido,
de donde no podrá salir.

Mi camino ha llegado a su fin
en el borde de la vida misma.
Mis ojos se cierran acompasados
por el silencio del delirio.

Mi voz silenciada para siempre
en este andar cotidiano.
Mi búsqueda al fin termina
sin haber encontrado la verdad.

No hay victorias que cantar
ni glorias para recordar.
No hay lágrimas perdidas
derramadas en las derrotas de la memoria.

Nunca más volveré
después de haber entrado a la sombra.
He llegado hasta aquí silbando alegrías
y llorando sonrisas.

Arquieta

XI

Nadie comprende la desgracia que esconde un verso herido,
aquella llena de besos rotos y de “te amo” perdidos.
No se puede disimular con un gesto gentil
la bofetada sempiterna de la despedida.

Desfila con esa gracia épica
de mil relatos y leyendas.
Y yo voy desvaneciéndome
en los espacios de sus pasos.

En los revoltijos de su pelo.
En las caricias del sol sobre su piel.
En las paredes de la ciudad
que van soñando con tocarla.

En el intervalo de un parpadeo
asoma una mueca llena de dolor.
Es en el arte de lo efímero
donde la desgracia no tiene maestría.

Y nuestra distancia se solidifica.
Se llena de mares bravíos,
de sueños cansados,
de recuerdos vacíos.

Y nuestra ausencia edifica
laberintos interminables,
oportunidades vencidas,
manos olvidables.

Me sumerjo en su aroma,
y soy sólo un sueño.
Soy sólo una idea.
Un instante…

Arquieta

Epifanía

La tranquilidad de la noche deja sentirse,
como dentro de un conjunto de ondas densas
donde lo exterior queda tan lejano.

Se enaltecen las ganas, se adormecen las ansias
y queda el puro deseo de ser teóricamente
sin existir prácticamente.

Adentrarse en las peligrosas aguas oscuras
donde se nutren las ideas más extrañas
y emerger, contradictoriamente, iluminado.

Satisfacer cada pizca sulfurada de deseo
como quien alimenta un sueño.
Y tratar de no desistir ante el inexorable final.

En medio de este trance y letanía,
aparecen fugaces imágenes de algo que fue,
pero que ya no tenía.

Se entremezclan extravagantes aromas
de situaciones perdidas
en el baile de lo que no es.

Y explotan lágrimas sin sentido
que nacieron disfrazadas de sonrisas
cuando la situación lo requería.

Justo en el clímax, paradójicamente,
la quietud gobierna con mano impía
a los estados más agitados.

La emoción se subleva, los sentimientos se amontonan,
los pensamientos se aglomeran y las fuerzas envalentonan.
Un estado ídilico se alcanza, y sin embargo, algo se pierde…

E, impresionado ante la epifanía del momento,
bajo los brazos, calmo la respiración, enfoco la mirada
en esa imagen tuya que domina el instante…

Diego

Eternidad

No podía recordar cuando había empezado a vivir. En realidad ningún ser vivo recordaba cuando había llegado a la vida, pero una vez crecía le decían que nació en la fecha tal, del planeta tal, en la galaxia tal durante la época tal. Con el tiempo, uno acababa sintiéndose patriota más con el tiempo que con el lugar, pero para los Eternos esto era distinto. Ninguno recordaba cuando nació, ninguno recordaba porque eran pura energía y no materia como los demás seres vivos. Nadie recordaba si hubo un antes, y a nadie le interesaba si había un después. Lo único importante era el ahora, aunque no fuera el aquí.

X32 era solamente un ente de energía, un conjunto de ondas coherentes pero no necesariamente unidas, al menos no como un ser de materia podría entenderlo y no hay forma de explicarlo. ¿Podemos explicar qué color es el correspondiente a los rayos gamma? No, no estamos concebidos para pensar e imaginar algo así.

A veces podían “sentirse” cerca otras ondas, otros seres, a pesar de ser pocos, continuamente se sentían porque eran extraordinariamente grandes, pero no solían interactuar. Eran seres solitarios, así habían crecido y no se molestaban en indagar porque o si así tenía que seguir siendo. Nadie se preguntaba nada, solamente disfrutaban viendo estallar alguna supernova, dejándose engullir por algún agujero negro o empujando a algún planeta hacia su estrella para verlo evaporarse y desaparecer.
En cierta manera eran como niños, sólo que sus juguetes eran astronómicamente grandes y su fuerza increíblemente descomunal.
Lo sé, porque yo solía serlo, y me divertía como cualquier otro Eterno, jugaba como cualquier otro.

Viajaba solo, hasta que vi a X32 y me habló, cambiando para siempre mi vida. El encuentro sucedió así:
-Hola pequeño, he visto como empujabas ese planeta hacia esa bonita estrella.- Dijo, aunque no con una voz, sino con un cambio sutil en sus ondas superiores.
-Sí, ha sido muy hermoso, ¿no crees? Ver esa espiral hermosa, como empezaba a arder, como se agitaba la estrella. Hermoso, sin duda alguna…
-Claro, ¿pero no pensaste que podría haber gente ahí?
-¿Gente? ¿Qué es eso? ¿Son rocas bonitas?
-No, dime, ¿Cómo te llamas?
-Soy D4-4.
-Bueno, D4-4, tú y yo somos una especie de gente…
-¿Una especie? Pero no somos piedras, somos energ…
-Nunca dije que “gente” fueran piedras, lo asumiste de mi silencio. Gente es un conjunto de seres vivos. Tal vez inteligentes. Tal vez muy parecidos a nosotros y que podían estar viviendo todavía en ese planeta que acabas de destruir.
-¿Yo maté a seres iguales nosotros? ¡No! ¡Es imposible! ¡No era esa mi intención, lo juro!
Mis ondas empezaron a agitarse violentamente, incluso la luz empezó a ser refractada, pero X32 me tranquilizó con un movimiento armonioso y suave, y dijo:
-En ese planeta no había nadie, pero ¿nunca te habías preguntado eso? ¿Nunca te has preguntado de dónde venimos o hacia dónde vamos?
-No. Me enseñaron que debía disfrutar sólo el presente.
-¿Quién te enseñó eso?
-No lo recuerdo.
-¿Por qué solo debías disfrutar del presente?
-Porque… no lo recuerdo.- Mis ondas casi se detuvieron, estaba pensando seriamente en ello…

Entonces mi vida cambió.
Me dediqué seriamente a recordar porque pensaba así, quien me dijo que era lo correcto. ¿Qué es lo correcto? Preguntas que ningún Eterno se hace durante miles de millones de años, las estaba haciendo en minutos. X32 se fue y yo me quedé esforzándome intensamente. Tenía que recordar, tenía que saber. De repente, dejé de jugar, nada más importaba que saber.
Así, pensando, millones de años pasaron como un simple suspiro.
Y lo volví a sentir, X32 estaba cerca y me hablaba, me invitaba a visitar un planeta.
-Mira D4-4, este pequeño planeta de esta estrella ordinaria. Sus habitantes le llaman Tierra.
-Pero es más que nada agua…
-Desde esta altura es obvio, pero imagina estar en medio de esa tierra y no poder ver nada de agua alrededor. Dentro de esas partes cafés, habitan unos seres extraños. Tienen lo que parece ser dos razas de la misma especie, pero en realidad son dos sexos distintos.
-¿Sexos? No entiendo tal palabra.
-Algún día, pero míralos. Pequeños, débiles, asombrosamente frágiles, pero tan creativos que han edificado estructuras visibles desde otras partes de su planeta y hasta han volteado a las estrellas preguntándose qué hay más allá. Hace mucho, nosotros éramos así.
-¿Éramos tan feos?
-No, me refiero que éramos pequeños, vivíamos en un solo planeta, no sabíamos gran cosa de nuestro alrededor y éramos pura materia.
-No imagino ser de materia, es muy pesada.
-Es distinto. Éramos distintos… y perdimos gran parte de lo bueno cuando dejamos la materia.
-¿Qué es bueno? No entiendo bien la palabra.
-Es difícil de explicar.
X32 sufrió un cambio en sus ondas. Se cerró, no quería que nadie oyera lo que fuera que estuviera pensando en ese instante, y cuando se abrió, había cambiado. Sus ondas eran más apagadas, más tristes, con ligeros destellos como si llorara.
-D4-4, me transformaré en materia y no creo que haya vuelta atrás.
-X32, no lo hagas, ¿Por qué cometerías una locura así? ¡podrías morir!. Desaparecer, ser nada. ¿Eso deseas?
-Eso necesito, ¿es que no lo ves? No disfrutamos nuestra vida; somos inmortales, cada instante es completamente indiferente a los demás. Cada visión es común, cada espacio es repetido. Deseo que al ver algo, sea nuevo. Deseo ir más allá de la inmortalidad, más allá de todo esto que somos…
-Pero siendo mortal no tendrás tiempo de lograrlo.
-Pero dejaré mi legado, y otros lo usarán. En algún punto, en el futuro, alguien lo logrará y viviré a través de él, y él vivirá por todos nosotros…
-¿Por qué habrías de querer que otro viva por ti?
-No lo sé, ¿Por qué habría de querer seguir existiendo sin empezar a vivir?
Y entonces, X32 desapareció y en la Tierra un pequeño niño nació, algo distinto. Algo más evolucionado.

Desde entonces sigo buscando por el universo. Sigo esperando… a un momento en que encuentre de nuevo a mi amigo X32, el único amigo que había tenido en toda la Eternidad.

Arquieta

Silencio

Siendo honesto, he de decir
que he ido claudicando en el silencio
con que se va tejiendo
el enmarañado telar de tus pasos,
forjándome un futuro incierto.

¿Qué hacer cuando se contempla
una hermosa estrella, y saber qué,
por más que le recite poemas
seguirá brillando, lejana y sin mí?

Cada sueño es una epifanía repetida
sobre la odisea cotidiana
de no vencer la osadía y revelar
que la figura que esculpen mis pensamientos
y sentimientos, eres tú.

Hay más verdad en el óleo
que la que cuentan los colores;
y en toda música hay más
que la suma de sus partes.
En cada palabra tuya, hay átomos tan bellos
y sonrisas escondidas.

Arquieta