Una nocturna caminata, no solo desnuda las calles, sino tambien el alma. La luna ilumina difusamente tu camino, hacia ningun lugar, los edificios hablan entre susurros casi imperceptibles, debajo del manto estrellado, que no les cubre del frio, pero los llena de sueños.
De por algun lugar, la brisa trae consigo la paz, a veces impregnandome y a veces, abandonandome, en esta, mi ciudad, tan sola y dormida en estos momentos, como yo en la vida.
Un frio repentino empieza a calar en los dientes y la piel, y me distrae de mi cavilamiento, justo para ver entre las sombras de un edificio desconocido, una fogata y dos vagabundos, riendo, y no llorando, como la gente siempre cree; si un vagabundo, un dia, gobernara el mundo, sin duda seria un lugar mejor, ellos tienen la sabiduria marcada como cicatrices, y no como diplomas estupidos.
Si un dia me alejo, de esta, mi ciudad, se que no volvera a ser la misma, no tendra a nadie a quien susurrarle secretos clandestinos, ni a quien entretener por las noches infinitas, o cobijar del agitado dia.
Me he dado cuenta, que todo pasa tan fugazmente, que cuando uno se para a pensar las cosas, estan forman ya, parte del pasado.
Mis pasos conducen siempre al mismo lugar, donde el asfalto termina, pero no mi ciudad, que me enseña su mejor parte, donde los susurros son casi ensordecedores, y la soledad deslumbra tal cual sol de verano, y solo entonces, cuando he estado perdido, es cuando me encuentro, y lloro, lejos, extrañando a esa persona que era yo ayer, y que por algun motivo intransigente, deje de ser.

Arquieta

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