Si, la amo. Le he amado desde aquella vez,
en la cual con miradas borrosas, vi su silueta
erguirse entre la oscuridad, espantando mi llanto
y provocando una sonrisa tímida e invisible.

Le he amado desde antes que ella lo supiera;
nunca creería que entre desamores, uno se enamora.
Amo sus ojos claros, su mirada fija.
Es tan densa su piel de alborozos, tan magnate su corazon.

Amo sus movimientos, que entre suerte y torpeza,
embellecen la situación. Amalgama de olvido y amor.
Su sonrisa y su andar. Su voz y su veleidad.
Yo por ella lo di todo y lo volvería a hacer sin pensar.

Pero, Señor, ella ya no existe. En alguna parte del pasado
que se confunde y se aglutina en el recuerdo, dejo de existir.
Un fantasma ocupo su lugar, inhumano y de roca y hielo,
y asesino en frente de mis ojos a ella, la que tanto ame.

¿A donde fue? ¿Porque se perdió? Ella quiso partir
sin saber que iba a morir, e impotente y solo,
le dije te amo, dejándole todo mi sentir.
Mi vida partió con ella, y de hueco quedo yo.

Pero continúo existiendo, por si algún día vuelve,
y feliz acepta mis brazos que dejan intacto su lugar
con voluntad pétrea. Nadie más vuela por mí.
Yo creo esperar, porque a veces parece, ya no quiere ni vivir.

Yo la veo en el infierno y hacer nada puedo;
claudicado, en mis noches lloro y busco aventuras,
para un consuelo que me de una brisa, para aguantar.
La amo como siempre, Señor, doy mi vida por que vuelva…

De nada sirve componer canciones para quien no quiere oir,
y estoy todavía en nuestro lugar. Ella aun siente, lo se.
Recuerdo sus ojos claros, su mirada fija…
Y la amo como nunca, la extraño a rabiar…

Arquieta

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