Pensamiento que vuela de cosa en cosa sin poderse posar,
busca y anhela sin siquiera recordar, no importa el pasado,
no importa el final, solo busca un manantial para así desnudar
raudo sus secretos, acelerando su palpitar. Se torna pesado,
a veces, el aire, porque el camino es largo y heridas lo dejan
sin paz. Busca entre nubes flamígeras y océanos de sombras,
entre tierras cerúleas y verdades transparentes. -¿Verdes?-
Se enajena al fin de lo monótono, ahora todo es plural,
pieles desconocidas, son mi secreto, mi santo grial.

¡Enaltéceme Darío! ¡Aconséjame Florentino Ariza!
Que cambiaron de país tantas veces pero no de patria,
que amaron entre lloviznas y perdigones, ¡entre néctares y guerras!
Y supieron y pudieron, sapientes juveniles, amar indiscriminadamente,
núbiles hermosuras, delicadas geometrías,¡ estrellas ardientes y tierra!
Y fieles a si mismos, lloraron sus ojos verdes, su piel morena.
Su tacto incipiente, sempiterno. Y suicida.

Arquieta

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