Ella, una lunática. Yo, un simple terrícola.
Ella navegando entre sombras y nombres.
Yo, entre ausencias y atardeceres.
Ella consiguiendo destellos imperceptibles.
Yo vagabundeando entre calles ajenas.
Ella sale en invierno o en estío.
Yo, entre soledad y entre hastío.
Ella vuela, grácil y bella.
Torpemente camino, a veces, corro.
Ella viene para sentir la brisa húmeda
y ver el candor de una costa solitaria.
Yo observo entre nostalgia y hambre
los destellos de la luna, como dagas
en la melancolía.
Ella y su veleidad. Su geometría y su verdad.
Yo y mi espacio claroscuro. Sangre y fuego puro.
Ella dibuja líneas entre las estrellas.
Yo, a veces río a duras penas.
Ella viaja entre mundos buscando.
Yo entre vidas, sin saber muy bien porque.
Ella nada en ríos dulces y tibios.
Yo entre calles y oro caído en otoño.
Ella va y regresa, a veces del diario, a veces no,
pero vuelve por un magnetismo exótico.
Ella regresa y yo claudico. Me pierdo en mi porfía
de quererla encontrar.
Ella sabe que la busco y yo se que lo sabe.
Yo sigo el juego, aunque la vida se me va.
Ella solo juega, es inmortal.

Arquieta

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