A través del ir y venir en esta rutina trotamundo, he decidido plasmar lo que siento y pienso en letras, cediendo siempre ante el impulso de quedarme un rato conmigo mismo y hablarle al mundo, aunque nadie me escuche.
Nunca había intentado resistirme a la dulce tentación de regocijarme en universos creados por mí mismo, o de saborear el azaroso devenir imaginario de una exuberante hermosura con su geometría de mujer. Pero como todo en la vida, existen las excepciones, y durante la madrugada fue una de ellas. A veces claudico ante sensaciones malditas. Amapolas que entre nubes flamígeras y verdades afiladas florecen desafiantes con un veneno sutil y transparente, con su sabor a nada y su olor de agua. Y esas sensaciones se quedan en lo más profundo de mi ser, adueñándose por instantes de lo que soy y transformando para siempre lo que seré. Hoy, me he resistido estoicamente al empeño de querer mutar mis imágenes mentales en pinturas literarias y liricas, confesando como puede observarse, que he claudicado ante esta azucarada blasfemia de ansiar contar lo incontable; tal vez de esa forma una nueva forma de mis demonios aparezcan, o tal vez no.
Durante la rutina planetaria de anochecer y amanecer incesantemente se ha ido forjando la existencia de este mal logrado humano, con tintes de músico, o de poeta, o de filosofo, quizá ingeniero o quizá un simple señor, que se va quedando indudablemente en las brumas del olvido.
Las calles por las que caminas han sido tocadas por tantas gentes sin rostro y vidas sin nombre, que sin saberlo impregnaron con su aroma el suelo y dejaron marcadas por siempre sus vivencias, para que algún día alguien, como dije antes, quiera revivirlas en un momento de locura. Aunque nadie ya lo note.
Nadie lo nota y el mundo gira y gira, imperturbable. Este mundo que acelera mi existencia sin decírmelo y que cubre de cenizas un cielo que solo yo veo en las noches desoladas por el recuerdo, y algún que otro beso marcado en alguna que otra parte.
Tan extraño se vuelve todo cuando ese cielo cae a pedazos en medio de chillidos metálicos y lejanas voces murmurantes de secretos que dejan de importarme, cuando me preocupo de mi integridad al ver que entre tantos sentimientos me voy despedazando y siendo llevado por el viento, a lugares y pieles donde con desespero, busco sobrevivir, aunque nunca lo logre.
Quién sabe, quizá todo en realidad sea un caos sin orden, o un orden sin caos.
Y a pesar de todo, escribo hoy estas líneas que solo tu entiendes, en tu lejana bastedad ausente de mi, de mi voz y mis caricias. De este sentimiento que te cubrió en tantas noches frías y que buscas sin éxito.
En tu extraña circunferencia con recuerdos de esta piel que anida mis nervios y esta boca que canta cuando todos callan, profanando al silencio con que tranquila te envuelves, muriéndote, frágil ante el destino.
Muriéndote, frágil, y sin mí.
Todo este galimatías de verborragia ininteligible, está dedicado a ti, porque solo tu entiendes lo que digo.

Arquieta

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