En ocasiones suele portar un traje frío y férreo,
con el que se viste al estar yo presente,
como si temiese que le hiciese daño;
solo la observo así, tan tristemente…

Suelo intentar romperlo, invitarla a mi desnudez,
con la que denodado le revelo mi alma y corazón,
cada vez mas cansado es esta estupidez
de intentarlo sabiendo que no podré.

A veces suelo equivocarme y le daño
¿Será por eso que ya no es como antaño?
A veces deseo llorar rabiosamente, llorar solo llorar,
al verle así, tan fría y distante.

Siento que herí su confianza, su verdad,
y le aleje de mi.
Siento tantas ganas de abrazarla como antes,
sin que me de frío, sin que me duela.

Solo quiero tenerla cerca, jugar con ella,
dibujarle una sonrisa de par a par,
decirle “ei.. te quiero” y verle sus ojos brillar.
Solo quiero que me quiera.

Que se quite su armadura, que acorte la distancia,
que no tema hablarme tierna y franca.
Que sé que me equivoque y creo que no es tarde,
para evitar quedarme con las ganas de hablarle.

Quisiera decirle sin miedo, “¡amiga, aquí esta tu confidente!”
y jugar en disimulo a amante guerrillero,
que quiero sostenerla al verla caer y confiarse
de que estaré ahí puntual y libero,

para darle todo un mundo, para darle todo un beso,
para sonreírle por estar tanto con ella.
Solo quiero, que ya no tema, que ya crea.
Solo quiero… que me quiera.

Arquieta

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