No trates de detener el tiempo, sapiente relojero.
No trates de hacer chapuza quitando algún engranaje,
rompiendo alguna unión, olvidando un numero.
Solo caerías en tu ilusión, ignorando tu bagaje.

Pues sabéis que no existe forma humana de parar,
aunque sea un segundo, un instante, -¡Oh! ¡Planck!-
y dejar de sufrir tu desolada soledad, que viene a matar
lo poco que te queda bajo aquel techo, dentro de tu cabeza.

Continuarás con tu arte de relojero buscando la perfección,
creyendo que al saber cómo marcar un ritmo, lo podrás parar.
Dejándote llevar por la mierda del presente y la ilusión del jamás,
pasarás noches y noches sin dormir, sabiéndote en perdición.

Por luchar contra lo que tanto tiempo amaste, dejándote sin paciencia
el desamparo de la soledad; desesperarás sin fin.
Y quizá un día, con tu visión perdida y tus canas de conciencia,
comprenderás que el tiempo sigue su curso, tan frío, tan banal.

Arquieta

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