“Decir adiós, la vida es eso…”

José Ángel Buesa

Decir adiós, la vida es eso,
decía Buesa breve y conciso,
con su corazón cansado por el peso
de los desamores mismos.

Decir adiós y darse la vuelta,
como quien no quiere la cosa,
solo para entender que detrás de cada puerta
hay un recuerdo que se asoma.

Decir adiós como quien no siente
y fingir una sonrisa de despedida,
mientras el corazón cree que miente
el alma en dos queda partida.

Decir adiós y quedarse aterido en la soledad
absorto ante el frío de la ausencia,
y susurrar palabras sin sentido a la vastedad,
embriagado ante el olor casi extinto de su presencia.

Decir adiós y no volver, fiel a las palabras,
cuando es necesario decirlo, por algo será;
cuando el daño con paciencia se labra,
es mejor no volver la vista atrás.

Decir adiós como quien vive la muerte,
porque se muere en la vida;
y habrá quienes tienten la suerte
en sus aguas prohibidas.

Decir adiós y convertirse en un fugitivo,
para no ceder ante la locura…
y refugiarse en lo primitivo
de no tener un hogar sin de techo la luna.

Decir adiós y esperar que se apague la llama
de una vela recién encendida,
esperar sin que haya brisa alguna en la sala
y esperar, tal vez toda la vida.

Decir adiós y buscar la reticencia
abnegada de quien busca no ceder,
aún teniendo cerca su esencia
en medio de la oscuridad antes del amanecer.

Decir adiós y contener el llanto,
y poner cara de sapiente,
y olvidar por una vez que se quiere tanto
y más justo antes de la muerte.

Decir adiós, la vida es eso,
decía Buesa compungido.
Mañana verás estos tristes versos
y yo ya me habré ido.

Arquieta

Anuncios