Aún recuerdo esas noches en el parque aquel, de como me decías que volteara a mirar la luna, grande y brillante, mientras te sentía pegada a mi cuerpo y el mundo seguía su curso ajeno a nosotros dos.
Recuerdo como te maravillaba, y recuerdo sobre todo como ondeaba tu pelo al viento.
Y la noche, simple y sencilla, se nos dibujaba perfecta porque nos teníamos a los dos y nada más importaba. Pero las cosas, tristemente tienen que acabarse, y lo que ayer eran nuestros días hoy son sólo nuestros recuerdos. Las cosas, irremediablemente se las lleva el tiempo.
Caminando en mis noches, a veces llego a ese parque donde tantas veces estuvimos, y me siento en una banca, sin nadie.
La luna sigue saliendo igual de grande y brillante, igual de hermosa. El viento sigue corriendo y yo sigo estando ahí, preguntándome porque no estás aquí.

Arquieta

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