Cuando mis brazos se levantan y el cielo se ennoblece
y las nubes van cantando canciones que envilecen;
mientras en derredor la tierra se resquebraja
y de los amores fortuitos no quedan ni migajas…
y los rayos de luz oblicuan los sueños que no se tienen
porque las ganas simplemente ya no pueden;
cuando cierro los ojos buscando entrever
instantes pasados en tu bello cuerpo del ayer;
tratando de dilucidar
si hay algo que esté bien o que esté mal…

Cuando imagino hordas de hombres valientes
quebrándose entre tus cabellos y sus simientes,
y la Luna va girando despacio
difuminándose en tiempo y espacio;
y entonces, clarificándose en el vacío
se ve la silueta de un corazón, bien tuyo o mío…
mientras resuenan vibrantes glorias inalcanzadas
de mentes que por pensantes fueron destrozadas;
se cae en el olvido
cada instante vivido.

Cuando piso fuerte y me siento liviano
al tiempo que oigo palabras no en vano;
y la lluvia llega para unificar
de manera magistral
sensaciones que se creen prohibidas
por ser demasiado vividas;
entonces, entre éste galimatías
tengo cosas que decir que ya sabías.

La dulzura de la flor opacada por la de la espina;
y una gota de sangre se derrama y tilda.
El brío de los mares que vienen silvando,
que, a lo lejos, las tierras se van acabando.
La brevedad del beso que nace victimario de un presagio
y cae siendo víctima sin resabio.

Pero juro que dentro de mí hay cosas
que no te he dicho estando a solas.
No hablo de la chispa fugaz en la mirada
ni del fuego que quema sin quemar nada.
No hablo de las aguas prohibidas
que salen cuando deberías estar dormida.
No hablo de lo que se siente y ya,
juro que hay algo más…

Arquieta

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