No podía recordar cuando había empezado a vivir. En realidad ningún ser vivo recordaba cuando había llegado a la vida, pero una vez crecía le decían que nació en la fecha tal, del planeta tal, en la galaxia tal durante la época tal. Con el tiempo, uno acababa sintiéndose patriota más con el tiempo que con el lugar, pero para los Eternos esto era distinto. Ninguno recordaba cuando nació, ninguno recordaba porque eran pura energía y no materia como los demás seres vivos. Nadie recordaba si hubo un antes, y a nadie le interesaba si había un después. Lo único importante era el ahora, aunque no fuera el aquí.

X32 era solamente un ente de energía, un conjunto de ondas coherentes pero no necesariamente unidas, al menos no como un ser de materia podría entenderlo y no hay forma de explicarlo. ¿Podemos explicar qué color es el correspondiente a los rayos gamma? No, no estamos concebidos para pensar e imaginar algo así.

A veces podían “sentirse” cerca otras ondas, otros seres, a pesar de ser pocos, continuamente se sentían porque eran extraordinariamente grandes, pero no solían interactuar. Eran seres solitarios, así habían crecido y no se molestaban en indagar porque o si así tenía que seguir siendo. Nadie se preguntaba nada, solamente disfrutaban viendo estallar alguna supernova, dejándose engullir por algún agujero negro o empujando a algún planeta hacia su estrella para verlo evaporarse y desaparecer.
En cierta manera eran como niños, sólo que sus juguetes eran astronómicamente grandes y su fuerza increíblemente descomunal.
Lo sé, porque yo solía serlo, y me divertía como cualquier otro Eterno, jugaba como cualquier otro.

Viajaba solo, hasta que vi a X32 y me habló, cambiando para siempre mi vida. El encuentro sucedió así:
-Hola pequeño, he visto como empujabas ese planeta hacia esa bonita estrella.- Dijo, aunque no con una voz, sino con un cambio sutil en sus ondas superiores.
-Sí, ha sido muy hermoso, ¿no crees? Ver esa espiral hermosa, como empezaba a arder, como se agitaba la estrella. Hermoso, sin duda alguna…
-Claro, ¿pero no pensaste que podría haber gente ahí?
-¿Gente? ¿Qué es eso? ¿Son rocas bonitas?
-No, dime, ¿Cómo te llamas?
-Soy D4-4.
-Bueno, D4-4, tú y yo somos una especie de gente…
-¿Una especie? Pero no somos piedras, somos energ…
-Nunca dije que “gente” fueran piedras, lo asumiste de mi silencio. Gente es un conjunto de seres vivos. Tal vez inteligentes. Tal vez muy parecidos a nosotros y que podían estar viviendo todavía en ese planeta que acabas de destruir.
-¿Yo maté a seres iguales nosotros? ¡No! ¡Es imposible! ¡No era esa mi intención, lo juro!
Mis ondas empezaron a agitarse violentamente, incluso la luz empezó a ser refractada, pero X32 me tranquilizó con un movimiento armonioso y suave, y dijo:
-En ese planeta no había nadie, pero ¿nunca te habías preguntado eso? ¿Nunca te has preguntado de dónde venimos o hacia dónde vamos?
-No. Me enseñaron que debía disfrutar sólo el presente.
-¿Quién te enseñó eso?
-No lo recuerdo.
-¿Por qué solo debías disfrutar del presente?
-Porque… no lo recuerdo.- Mis ondas casi se detuvieron, estaba pensando seriamente en ello…

Entonces mi vida cambió.
Me dediqué seriamente a recordar porque pensaba así, quien me dijo que era lo correcto. ¿Qué es lo correcto? Preguntas que ningún Eterno se hace durante miles de millones de años, las estaba haciendo en minutos. X32 se fue y yo me quedé esforzándome intensamente. Tenía que recordar, tenía que saber. De repente, dejé de jugar, nada más importaba que saber.
Así, pensando, millones de años pasaron como un simple suspiro.
Y lo volví a sentir, X32 estaba cerca y me hablaba, me invitaba a visitar un planeta.
-Mira D4-4, este pequeño planeta de esta estrella ordinaria. Sus habitantes le llaman Tierra.
-Pero es más que nada agua…
-Desde esta altura es obvio, pero imagina estar en medio de esa tierra y no poder ver nada de agua alrededor. Dentro de esas partes cafés, habitan unos seres extraños. Tienen lo que parece ser dos razas de la misma especie, pero en realidad son dos sexos distintos.
-¿Sexos? No entiendo tal palabra.
-Algún día, pero míralos. Pequeños, débiles, asombrosamente frágiles, pero tan creativos que han edificado estructuras visibles desde otras partes de su planeta y hasta han volteado a las estrellas preguntándose qué hay más allá. Hace mucho, nosotros éramos así.
-¿Éramos tan feos?
-No, me refiero que éramos pequeños, vivíamos en un solo planeta, no sabíamos gran cosa de nuestro alrededor y éramos pura materia.
-No imagino ser de materia, es muy pesada.
-Es distinto. Éramos distintos… y perdimos gran parte de lo bueno cuando dejamos la materia.
-¿Qué es bueno? No entiendo bien la palabra.
-Es difícil de explicar.
X32 sufrió un cambio en sus ondas. Se cerró, no quería que nadie oyera lo que fuera que estuviera pensando en ese instante, y cuando se abrió, había cambiado. Sus ondas eran más apagadas, más tristes, con ligeros destellos como si llorara.
-D4-4, me transformaré en materia y no creo que haya vuelta atrás.
-X32, no lo hagas, ¿Por qué cometerías una locura así? ¡podrías morir!. Desaparecer, ser nada. ¿Eso deseas?
-Eso necesito, ¿es que no lo ves? No disfrutamos nuestra vida; somos inmortales, cada instante es completamente indiferente a los demás. Cada visión es común, cada espacio es repetido. Deseo que al ver algo, sea nuevo. Deseo ir más allá de la inmortalidad, más allá de todo esto que somos…
-Pero siendo mortal no tendrás tiempo de lograrlo.
-Pero dejaré mi legado, y otros lo usarán. En algún punto, en el futuro, alguien lo logrará y viviré a través de él, y él vivirá por todos nosotros…
-¿Por qué habrías de querer que otro viva por ti?
-No lo sé, ¿Por qué habría de querer seguir existiendo sin empezar a vivir?
Y entonces, X32 desapareció y en la Tierra un pequeño niño nació, algo distinto. Algo más evolucionado.

Desde entonces sigo buscando por el universo. Sigo esperando… a un momento en que encuentre de nuevo a mi amigo X32, el único amigo que había tenido en toda la Eternidad.

Arquieta

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