No hay amigos cerca,
ni enemigos con quien pelear.
No hay manera de esconderme
en este mundo lleno de mentiras.

Mi voluntad se ha perdido
detrás del horizonte de la esperanza.
Mi fe está marchita
y nunca volverá a florecer.

Mi nombre vaga en el viento,
llegando a estrellas opacadas.
Mis sueños para siempre rotos
en cada noche desperdiciada.

Mi silueta tallada a fuego
en el muro inquebrantable de los lamentos,
dentro del salón del olvido,
de donde no podrá salir.

Mi camino ha llegado a su fin
en el borde de la vida misma.
Mis ojos se cierran acompasados
por el silencio del delirio.

Mi voz silenciada para siempre
en este andar cotidiano.
Mi búsqueda al fin termina
sin haber encontrado la verdad.

No hay victorias que cantar
ni glorias para recordar.
No hay lágrimas perdidas
derramadas en las derrotas de la memoria.

Nunca más volveré
después de haber entrado a la sombra.
He llegado hasta aquí silbando alegrías
y llorando sonrisas.

Arquieta

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