Nunca olvidaré lo que fue,
en aquellas tardes de estío
y en las noches de tanto frío,
momentos que ya no han de volver.

No dejaré caer en el olvido
ningún recuerdo escrito en la piel
mientras platicábamos en el idioma aquel
interpuesto en las miradas como un río.

Hay senderos que deben recorrerse en soledad;
y tan solo de pensar que habrá noches de lluvia
en las que no tendré ninguna visión tuya,
lloro lágrimas que no sé a donde irán a parar.

Y tú, que entendías más de la vida que yo,
como siempre tan denodado
sin dudarlo has marchado,
mientras me envuelve una nube de dolor.

Nuestros caminos siempre fueron diferentes;
tú, esa pequeña gran alma tan inocente
y que con caricias arrugabas la frente,
hiciste de un espacio vacío un eco latente;

y yo, este amasijo de nervios y coyunturas,
que a veces olvidaba
lo que más amaba,
me envolveré por las noches con cada imagen tuya.

Nunca olvidaré lo que es,
estando solo o acompañado,
riendo o llorando,
hay cosas que sólo se viven una vez.

Impregnando de magia
una vida con olor a cotidiano;
mientras van pasando los años
sin oírte más por la ventana.

Arquieta

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