Archive for abril, 2012


Dónde Amapolas Nacen Ya

La vida se me presenta como un árido desierto
lleno de monotonía para mí;
es cierto que las dunas cambian cada día,
pero siguen siendo sólo dunas.

Los detalles se fueron haciendo insípidos
conforme el peso de los años me malgastaba;
los pequeños placeres que aderezan las tardes pérdidas
se extravían en los entresijos de la memoria.

Las amistades olvidaron su relieve
y se congregan en una llanura sin fin…
mientras intento regocijarme
con pláticas lacónicas y superfluas.

¿Dónde ha quedado la explosión celular
ante las vueltas de un laberinto, que se me antoja
ahora puramente paralelo?
Paredes que me dan un infinito, mientras me limitan.

Así, el tinte vitalíneo de esta plastificada historia
fue adquiriendo maestría en los tonos grises.
Y los deleites del tacto que tan centelleantes eran
supieron apagarse en aguas pérfidas y mustias.

Y en medio de esta decepcionante –a falta de calificativo mejor-
vida en que se fue convirtiendo mi existir,
llegaste con una sombra de duda y una incertidumbre intrínseca,
que, lejos de atenuar, iluminaba danzarinamente;

de forma burlona, de forma extática,
acariciando como lenguas de fuego
sobre cada centímetro de mi piel.
Lo lejano, dejó de importar.

Una revolución interna nació
con ganas de derrocar un viejo imperio impío,
lleno de lástimas incongruentes
y situaciones amortiguantes.

Quería movimiento y Dinámica eras tú.
Quería sentimiento y Música eras tú.
Quería un universo y Física apareciste;
y cuando quise la verdad, en Amor te convertiste.

Cualquier cosa que no fuese el conjunto
de tus átomos no importaba.
Lo único que existía era tú única e individual
curvatura del espacio-tiempo.

Y los pilares de mi mente adoptaron tu nombre;
te hiciste mi Ciencia. Te hiciste mi Religión.
Creí de forma rebelde en ti…
Tú, la Naturaleza misma de todas las cosas.

Arquieta

I

Le veía a sus ojos y no creía,
que puedan brillar más que el sol;
tan equivocado estaba ese día,
¡como lo sigo estando hoy!

Siempre pensé que era temor
lo que buscaba opacar su belleza;
temía trasnochar en dolor
este amor que me embelesa.

Ella no sabe que es causa
de huracanes y terremotos;
¿por qué no ser mariposas?
¡y que las sufra otro!

Arquieta