Yo no tengo nada que decirle, pero muchas ganas de comunicarme con usted. Usted que a mí no me da nada y sin saberlo me ha dado todo. Yo no veo su gesto indiferente, no, yo no lo veo. Sé que debajo de ese hielo está una pasión que se esconde. Sé que de cada silencio que expresa hay dos sueños que asoman por sus ojos. Eso es lo que yo veo en usted, que permanece silente y enajenada. No le culpo. Para usted los de mi especie somos todos de la misma carroña; adiestrados en el arte de la mentira para conseguir todo lo que no se diga. No le culpo.
Sé que encima de mí hay una bruma que todo lo oculta. Que pareciese ser yo solamente un transeúnte más, que pasando va. Usted no sabe que yo soy de los que siempre van pasando pero nunca se van. Soy como agua de río, nunca la misma pero siempre el mismo. El compás que se graba; la hoja que se cae; el aroma que no vuelve; la ausencia que siempre está.

Soy un nicho de paradojas y usted tiene encima una escafandra. Nos separa la literatura y nos separa la vida. Usted rodeada de céfiro, yo un alma maltrecha. De su boca se enciende el mundo y en mis manos expiran los deseos. Detrás de su hermosura, yo soy sólo una sombra, soñando con alcanzarle vez alguna. Juntos no podemos ser, pero no podemos ser sin el otro. Es tal nuestra naturaleza. Es cruel nuestro destino.

Arquieta

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