Va cerrándose una compuerta de plomo
conforme la noche va descendiendo.
Ansío ver las estrellas y fingir ser otro
mientras la desdicha me va carcomiendo.

El oficio de poeta llega para pesar;
las letras se regocijan en el dolor
y aunque duelen no las dejo pasar.
Son mis escritos relatos de un triste amor.

Mis manos acariciando incensamente su ausencia,
mientras mis versos terminan estrellados
y suplico porque haya alguna diferencia
que reviva las ganas, las letras y apague los llantos.

Anhelante de al fin olvidarle
mientras se clava más y más en la memoria.
Soy como un niño pateando las aguas del mar,
en un intento frustrado de quererlas alejar.

Y me pierdo y no comprendo
y las emociones cada día se van perdiendo.
Entonces, noto como la compuerta de plomo empieza a clarear
y los rayos del sol, aunque débiles, me empiezan a lastimar.
Arquieta