Category: Cuentos y novelas


Eternidad

No podía recordar cuando había empezado a vivir. En realidad ningún ser vivo recordaba cuando había llegado a la vida, pero una vez crecía le decían que nació en la fecha tal, del planeta tal, en la galaxia tal durante la época tal. Con el tiempo, uno acababa sintiéndose patriota más con el tiempo que con el lugar, pero para los Eternos esto era distinto. Ninguno recordaba cuando nació, ninguno recordaba porque eran pura energía y no materia como los demás seres vivos. Nadie recordaba si hubo un antes, y a nadie le interesaba si había un después. Lo único importante era el ahora, aunque no fuera el aquí.

X32 era solamente un ente de energía, un conjunto de ondas coherentes pero no necesariamente unidas, al menos no como un ser de materia podría entenderlo y no hay forma de explicarlo. ¿Podemos explicar qué color es el correspondiente a los rayos gamma? No, no estamos concebidos para pensar e imaginar algo así.

A veces podían “sentirse” cerca otras ondas, otros seres, a pesar de ser pocos, continuamente se sentían porque eran extraordinariamente grandes, pero no solían interactuar. Eran seres solitarios, así habían crecido y no se molestaban en indagar porque o si así tenía que seguir siendo. Nadie se preguntaba nada, solamente disfrutaban viendo estallar alguna supernova, dejándose engullir por algún agujero negro o empujando a algún planeta hacia su estrella para verlo evaporarse y desaparecer.
En cierta manera eran como niños, sólo que sus juguetes eran astronómicamente grandes y su fuerza increíblemente descomunal.
Lo sé, porque yo solía serlo, y me divertía como cualquier otro Eterno, jugaba como cualquier otro.

Viajaba solo, hasta que vi a X32 y me habló, cambiando para siempre mi vida. El encuentro sucedió así:
-Hola pequeño, he visto como empujabas ese planeta hacia esa bonita estrella.- Dijo, aunque no con una voz, sino con un cambio sutil en sus ondas superiores.
-Sí, ha sido muy hermoso, ¿no crees? Ver esa espiral hermosa, como empezaba a arder, como se agitaba la estrella. Hermoso, sin duda alguna…
-Claro, ¿pero no pensaste que podría haber gente ahí?
-¿Gente? ¿Qué es eso? ¿Son rocas bonitas?
-No, dime, ¿Cómo te llamas?
-Soy D4-4.
-Bueno, D4-4, tú y yo somos una especie de gente…
-¿Una especie? Pero no somos piedras, somos energ…
-Nunca dije que “gente” fueran piedras, lo asumiste de mi silencio. Gente es un conjunto de seres vivos. Tal vez inteligentes. Tal vez muy parecidos a nosotros y que podían estar viviendo todavía en ese planeta que acabas de destruir.
-¿Yo maté a seres iguales nosotros? ¡No! ¡Es imposible! ¡No era esa mi intención, lo juro!
Mis ondas empezaron a agitarse violentamente, incluso la luz empezó a ser refractada, pero X32 me tranquilizó con un movimiento armonioso y suave, y dijo:
-En ese planeta no había nadie, pero ¿nunca te habías preguntado eso? ¿Nunca te has preguntado de dónde venimos o hacia dónde vamos?
-No. Me enseñaron que debía disfrutar sólo el presente.
-¿Quién te enseñó eso?
-No lo recuerdo.
-¿Por qué solo debías disfrutar del presente?
-Porque… no lo recuerdo.- Mis ondas casi se detuvieron, estaba pensando seriamente en ello…

Entonces mi vida cambió.
Me dediqué seriamente a recordar porque pensaba así, quien me dijo que era lo correcto. ¿Qué es lo correcto? Preguntas que ningún Eterno se hace durante miles de millones de años, las estaba haciendo en minutos. X32 se fue y yo me quedé esforzándome intensamente. Tenía que recordar, tenía que saber. De repente, dejé de jugar, nada más importaba que saber.
Así, pensando, millones de años pasaron como un simple suspiro.
Y lo volví a sentir, X32 estaba cerca y me hablaba, me invitaba a visitar un planeta.
-Mira D4-4, este pequeño planeta de esta estrella ordinaria. Sus habitantes le llaman Tierra.
-Pero es más que nada agua…
-Desde esta altura es obvio, pero imagina estar en medio de esa tierra y no poder ver nada de agua alrededor. Dentro de esas partes cafés, habitan unos seres extraños. Tienen lo que parece ser dos razas de la misma especie, pero en realidad son dos sexos distintos.
-¿Sexos? No entiendo tal palabra.
-Algún día, pero míralos. Pequeños, débiles, asombrosamente frágiles, pero tan creativos que han edificado estructuras visibles desde otras partes de su planeta y hasta han volteado a las estrellas preguntándose qué hay más allá. Hace mucho, nosotros éramos así.
-¿Éramos tan feos?
-No, me refiero que éramos pequeños, vivíamos en un solo planeta, no sabíamos gran cosa de nuestro alrededor y éramos pura materia.
-No imagino ser de materia, es muy pesada.
-Es distinto. Éramos distintos… y perdimos gran parte de lo bueno cuando dejamos la materia.
-¿Qué es bueno? No entiendo bien la palabra.
-Es difícil de explicar.
X32 sufrió un cambio en sus ondas. Se cerró, no quería que nadie oyera lo que fuera que estuviera pensando en ese instante, y cuando se abrió, había cambiado. Sus ondas eran más apagadas, más tristes, con ligeros destellos como si llorara.
-D4-4, me transformaré en materia y no creo que haya vuelta atrás.
-X32, no lo hagas, ¿Por qué cometerías una locura así? ¡podrías morir!. Desaparecer, ser nada. ¿Eso deseas?
-Eso necesito, ¿es que no lo ves? No disfrutamos nuestra vida; somos inmortales, cada instante es completamente indiferente a los demás. Cada visión es común, cada espacio es repetido. Deseo que al ver algo, sea nuevo. Deseo ir más allá de la inmortalidad, más allá de todo esto que somos…
-Pero siendo mortal no tendrás tiempo de lograrlo.
-Pero dejaré mi legado, y otros lo usarán. En algún punto, en el futuro, alguien lo logrará y viviré a través de él, y él vivirá por todos nosotros…
-¿Por qué habrías de querer que otro viva por ti?
-No lo sé, ¿Por qué habría de querer seguir existiendo sin empezar a vivir?
Y entonces, X32 desapareció y en la Tierra un pequeño niño nació, algo distinto. Algo más evolucionado.

Desde entonces sigo buscando por el universo. Sigo esperando… a un momento en que encuentre de nuevo a mi amigo X32, el único amigo que había tenido en toda la Eternidad.

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Amor inorgánico

                                                                                                                                 1
Vesta había sido sin duda alguna un bello planeta. Tenía una proporción de 50% tierra y 50% agua, pero no separadamente sino que formaban una especie de red. Sin duda alguna era bello. Demasiado verde. Demasiado tranquilo.
Pero tal vez lo más bello de Vesta eran sus cielos con dos soles. Uno era muy tenue, a veces era una sombra pálida solamente, pero cuando estaba por la noche, era inmensamente poético y único. La humanidad nunca había visto algo igual. ¡Ah! La humanidad… ¿A dónde habrá ido? ¿Por qué me habrán dejado aquí?
No importa que camino siga en mis pensamientos, siempre llego a esa pregunta, ¿por qué me han abandonado? Sé que no soy único, mi modelo había sido uno de los más usados en Vesta, y sé que era porque funcionábamos y lo hacíamos bien. Nunca le fallé a mi amo, al que recuerdo con cariño. La mejor memoria que tengo (podría decirse así, sé que no puedo sentir, pero se aligeran mis procesos y se hacen más eficientes mis circuitos al recordar ello) fue cuando mi amo me puso un nombre y me hizo único.
R. Abelard Davlov. Estoy orgulloso de mi nombre, porque me lo puso una gran persona y ese hecho siempre nos mantendrá unidos, a pesar de la distancia en espacio y tiempo.
He recorrido al menos un tercio de Vesta, no es un planeta pequeño y no poseo de otro medio de transporte más que mis piernas, que no son del todo rápidas, y sigo sin encontrar a alguien o a “algo”, algún robot olvidado, alguna persona, lo que sea que no sean desperdicios completamente inanimados.
Nada en que ocupar mi mente, más que en la búsqueda, en la espera. ¿Habrá algo allí afuera que me haga compañía? ¿Vendrán por mí? ¿Por qué me dejaron aquí?
He pasado 40 solitarios años haciéndome las mismas preguntas…

                                                                                                                                2
He encontrado hace poco los restos de una computadora de personificación y guía, una COPEGU. No estaba en tan mal estado y pude repararla. El holograma que tenía se parece algo a mi amo, no es muy alto, es delgado y algo parlanchín; era el encargado de guiar a las personas en la biblioteca y suele hablar continuamente de libros. A veces resulta aburrido y lo apago, pero sin duda es un alivio poder tener cerca algo que da al menos la ilusión de moverse.
Aún así, se ha hecho más pesado mi andar, porque ahora tengo que cargar con él, con cuidado de que no vaya a estropearse.
Este último mes estándar fue algo particular, la noche en Vesta era bañada con la imagen del segundo sol y era muy bella, aunque sentía cierto escozor en mis circuitos que no sabría distinguir. En mi cabeza se formó la palabra melancolía y me resigné a ello.
He pensando continuamente en apagarme, porque no he hallado motivo para continuar existiendo animadamente. Soy sólo un robot, y sufro…
Han pasado 20 años más…
3

Hace unos días, COPEGU dijo detectar cerca otro robot activo. COPEGU tenía la habilidad de interactuar con nosotros como personas, mediante gestos y aspectos visibles y audibles para todos, o mediante lenguaje computadora, con señales inalámbricas o sistemas láser, y debería tener la capacidad de deducir donde se encontraba el robot, pero su unidad de procesamiento espacial había quedado dañada, se había oxidado hace algunos años. Continuamos buscando en la cercanía, tratando de buscar la señal del robot. Ya no apagaba nunca a COPEGU, lo mantenía encendido noche y día, y cuidaba siempre de su batería. Le necesitaba ahora más que nunca, ya que yo no tenía mi comunicador en buen estado.
Finalmente le hallamos, cuando retrocedimos unos pasos en nuestro camino.
Se llama R. Gabr Mendeliv y su nombre me pareció bello, aunque no podía clarificar porque.
Nos contó como le habían abandonado, prometiendo volver por todas las cosas que habían dejado atrás, pero cuando eran 73 años de espera y comprendiendo que ya no estarían vivos sus amos, decidió salir en busca de algún otro humano o robot. Su espera fue corta, solo 12 años estándar para encontrar a alguien. Yo tenía buscando 85.
Platicábamos, intercambiábamos experiencias pasadas de nuestros amos. Era de un modelo distinto, algo más nuevo que yo y ligeramente más versátil y menos pesado. Encajábamos bien, mis procesos se habían vuelto veloces de nuevo y pensaba de forma más rápida y al parecer era un efecto mutuo pues me contaba que le pasaba igual. ¿A qué se deberá esto? Le preguntamos a COPEGU, porque el, a diferencia de nosotros, tenía en su memoria los manuales de nosotros, de nuestro funcionamiento, de nuestra producción y todo lo relacionado con el mundo de la robótica, sin embargo, no halló ninguna referencia a una optimización de procesos por algún factor que no fuera un cambio de software o hardware. No nos preocupamos por ello, sin herramientas para descubrir que pasaba con nosotros, deducimos que lo lógico era disfrutarlo, si es que podíamos disfrutar.

4
Han pasado 150 años; Mendeliv, COPEGU y yo hemos recorrido todo Vesta y no hallamos a nadie, humano o robot, aparte de nosotros sobre la faz de este planeta, ahora salvaje.
Los humanos continuaron su expansión, y supusimos que abandonaron Vesta por su posición tan alejada, pues estaba casi fuera de la Vía Láctea. Ni siquiera la belleza de un planeta valía tanto como para estar lejos de todo el universo, y era casi literal la afirmación.
Un día le comentaba a Mendeliv sobre mis ganas de haberme apagado, como me sentía cada vez más lento, más inútil, sin un propósito… Y me entendió. Ella había salido en busca de alguien más para poderse apagar, porque su modelo impedía un autoapagado. Quiso el destino que dos robots desdichados se encontrasen gracias a un COPEGU casi descompuesto que solo hablaba de libros que ya no existían sobre Vesta.
La semana pasada, empezó otro mes estándar con el sol nocturno, y los destellos violáceos sobre las aguas eran de una belleza matemática impresionante. COPEGU estaba apagado, recargando batería, y Mendeliv estaba de pie al lado mío, tan inmóvil, tan real.
-Mendeliv …-dije usando palabras humanas, sin recurrir a hablar lenguaje computacional por primera vez desde que se fue mi amo, y me respondió de igual manera-
-¿Sí, Davlov…?
-Creo que sé porque me siento tan bien, porque se han aligerado mis procesos desde que te encontré, por qué ya no he pensado en apagarme, y me creerás descompuesto, pero creo saber porque no me apagué nunca.
-Davlov… en mi cerebro positrónico está la misma palabra que en el tuyo, y en verdad deduzco… no, siento que es así.
Una palabra me había rondando la mente en mis procesos, una sola palabra desde que vi a Mendeliv, pero que siempre estuvo ahí, debajo de todo pensamiento primario, esperando… esperando…
La palabra era amor.

 

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¿Evolución…?

-¿Tienes ya los resultados Cavo?
-¿Del Experimento Genético, señor?
-Así es.
-Tengo aquí ya el informe, no está completamente redactado y falta limpiarlo, pero ya tenemos la conclusión.
Rodeados de árboles, ruidos de pájaros invisibles, insectos devoradores, y el sol pasado medio día, la imagen se antojaba pintoresca, aunque completamente imperceptible para cualquiera que pasara por ahí. A lo lejos, entre algún hueco que dejaban las ramas de los árboles, se veía una ciudad, a la que se referían como Arti 1, y, a veces, cuando los ruidos aminoraban, se podía oír una especie de ruido estrambótico llegando de ella.
-Siento que es muy cruel dejarlos viviendo ahí.
-A ellos así les gusta Cavo y será mejor dejarlos así, ya son muchos y… bueno, dime cual es la conclusión del experimento.
-Bueno, Señor, como sabrá, nuestros antepasados decidieron llevar a cabo un experimento realmente ambicioso que duraría muchos años, para determinar si la línea evolutiva que estaba siguiendo la especie era la correcta, o si en cambio esta tendencia evolutiva nos llevaría a la destrucción y aniquilación de nuestra especie, o de nuestro ambiente, o en el peor de los casos, de ambos. Los primeros voluntarios no pudieron llegar a imaginar que tanto cambio sufrirían, pero lo aceptaron valientemente. Del grupo de prueba, sólo sobrevivieron dos a la mutación genética, afortunadamente fueron macho y hembra, y procedimos a llamarlos Adán y Eva, quienes continuaron evolucionando de manera acelerada de acuerdo a los cálculos. Incluso olvidaron durante mucho tiempo de donde provenían, cosa que resulto provechosa si he decirlo Señor, ayudó en el desenvolvimiento del experimento. En fin, estos primates mutados pronto se multiplicaron, y en pocas generaciones lograron recuperar parte de su capacidad intelectual, construyendo ciudades, edificios y sociedades cada vez más grandes y complejas…
-A veces me sorprende que nunca llegaran a ser de nuevo tan inteligentes como lo fuimos al principio… sin duda tanto metal les ha dañado. Cavo, continúe, aunque no le pedí la explicación completa del proyecto.
-Lo sé señor, pero me apasiona recordar todo lo que ha pasado.
-Prosigue.
-Durante muchos años, se centraron solo en ellos mismos, y el resto de los animales pasamos desapercibidos, a excepción de aquellos que servían para realizar tareas o de alimento. Con el tiempo, fueron capaces de desarrollar tecnología y vimos un importante incremento en la habilidad para manipular materiales gracias a la modificación en las manos Señor.
-¿Así que necesitaremos modificar las nuestras…?
-Probablemente. Como le decía, existió este aumento en la versatilidad de manipulación por medio de las extremidades superiores, pero al parecer al mismo tiempo se empezó a desarrollar una habilidad increíble de enajenación al momento de tener que matar a los de la misma especie.
-¿Tiene relación la habilidad de las manos con este tendencia suicida?
-Al parecer no hay relación Señor, aunque parezca que sí. Como decía, este aumento de habilidad muchas veces (incontables veces) fue usado en pos de conseguir poder, eliminando a similares sin el menor atisbo de asombro o arrepentimiento. También sorprendió el hecho de que, al enfocarse en su tecnología usando materiales inorgánicos y metales, pareciese que no son capaces de distinguir muy bien tecnologías ajenas o extrañas con materia orgánica, o manipulaciones genéticas.
-Por eso no saben de nosotros, están tan ensimismados creyendo que las cosas solo pueden ser como ellos creen que pueden ser, que no ven lo que hay afuera.
-Sí, no esperábamos esa especie de ignorancia, Señor.
-¿Y la conclusión?
-Déjeme terminar. Todo esto terminó por darles el estado de especie dominante del planeta, con alta tecnología, grandes pensadores e incluso una ciencia muy buena, Señor. En este aspecto nos han ayudado bastante, ya que nuestra ciencia era excepcional pero sólo en campos de la química, la manipulación genética y las herramientas. Ellos desarrollaron la física más que nosotros y afinaron las matemáticas. Ahora estamos a la par que ellos en estos conocimientos.
Aun así, el resultado es negativo, Señor…
-Entonces, no podemos evolucionar siguiendo ese camino, ¿cierto?
-No, Señor.
-¿Han checado todas las variables?
-Sí, Señor, y siempre dan resultados negativos. Convertirnos en seres humanos no es lo mejor para nuestra especie, debemos seguir siendo primates hasta encontrar otra vertiente evolutiva, o nos extinguiremos.
-Es una pena, sin duda. A pesar de sus feas ciudades duras y calientes, de su aire pérfido y de su falta de fuerza física, tenían atributos interesantes y algunas construcciones bellas.
-Lo sé, yo también admiro algunas de ellas.
-¿Y como limpiaremos todo esto?
-Los cálculos dicen que sucederá una de dos, se irán de la Tierra en naves espaciales, o se extinguirán. Todo parece indicar que la segunda es la más viable, parece que han perdido el interés en el espacio.
-¿Perder interés en el espacio? Vaya, que idiotas. Y pensar que se creen tan inteligentes…

Cavo y Sime volvieron a la ciudad, con sus familias. Una ciudad sin edificios, en armonía con las demás especies, con primates que tenían ciencia y podían hablar y que eran más inteligentes incluso que los humanos.

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Poeta maldito

La ciudad, lóbrega y gris, se inunda con sonidos de sirenas por doquier que van a directo a ningun lado. La Luna en el cielo, intermitente, sale tímida entre cada edificio esperando no encontrarse con la muerte. Lejos, se oye un tumulto, gritos desesperados implorando por ayuda que no llega, (el sonido de las sirenas nunca se acerca) y esa pequeña isla de vida queda aislada en este mar de concreto resquebrajado por el paso de los años. Memorias sin rostro van gritando como fantasmas a cada paso que doy, suplicando por un instante que no tengo, la vida que me falta. “Lo siento chicos, estoy más maldito que ustedes” les digo con la mirada, solo por temor a oir que mi voz es más gutural que la de ellos. Un perro altanero se me acerca y me mira a los ojos, para retirarse; dicen que mi mirada es vacía, como si absorbiera lo que me falta y nunca se sacía.
Llego a un límite, y continuo por la izquierda, ¿porque? Me fascina la izquierda, por rebelde. La luz mercurial opaca las estrellas y solo las más vivaces atreven a destellar lo suficientemente fuerte como para verles en medio de la mierda en el aire y el brillo frío y ajeno de las lámparas. De las casas sólo salen voces mécanicas, ni una conversación, sólo el sonido del televisor, de algún altavoz encendido. De la monotonía.
Un disparo viene a romper la quietud y es un bálsamo para el tedio en esta caminata sin sentido. Hallar solaz en ello es igual de estúpido que no hacer nada por evitar su propagación y sucumbir ante el miedo, pero ¿que más da? alguien más se encargará de ponerle fin algún día, mientras nos vamos pudriendo ateridos y estáticos. El mundo es de los valientes y de los insensatos, y creo que es más de los segundos.
Empieza a hacer frío, mi piel se eriza y un temblor reflejo aflora en mi cuerpo, “debí traer una sudadera” pienso, para luego hallarlo estúpido, en la caminata hasta la muerte no hacen falta prendas, se va perdiendo el sentido gradualmente.
Las calles desiertas cobijan la soledad que antes me abrumaba y de la que forzosamente me terminé acostumbrando.

Soy un poeta maldito caminando por la noche con mi cofradía de silencios y mis sueños rotos, que a veces pesan tanto que se me dificulta caminar. El reflejo de algún candor que solía tener hace tiempo que no brota, y ni falta que me hace. Soy ahora el distinto, el que camina incomprendido. Poeta loco ¿Quién te manda serlo?

Quiero un fin y empero no lo encuentro; cada paso, cada huella va sembrando la desidia, la reticencia y el engaño. Cada movimiento de mis brazos al caminar va creando huracanes en algún lugar, y sonrío. Caos al caos genera.
Mis párpados van ocultando cada vez por más tiempo mi mirar, que se fue haciendo completamente innecesario con cada nuevo despertar. ¿De qué sirve ver sin ser visto? Y el continuo tronar de la lluvia al otro lado de mi ventana ennegrecida es uno de mis mejores recuerdos. Si hay algo más triste, que renazca Neruda y me lo cuente.
Horas de caminata y años de divagar, me han traído lejos de la ciudad, de su olor putrefacto y su calor pérfido, al filo de un abismo tan nuevo para mí, que su sombra es más negra que la negrura, solo porque no le ha afectado el percudido de los años. Y es tan oscura mi vida, que el abismo se parece a mi mismo. ¡Malditas sean tus ecuaciones Maxwell! He aquí que polos similares se atraen, pues deseo perderme ahí, donde el viento no llega gracias a la turbulencia infinita y cíclica, donde la luz cae a cuenta gotas en el día más soleado, y hasta la soledad se desola a si misma.
No dije nunca adiós, la muerte llega cuando uno menos lo espera.
Soy un poeta maldito que camina hacia su destino.

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Desesperación

El día de hoy fue bastante tranquilo. Nada nuevo que contar, la verdad.
Durante la noche, mientras dormía, aparecía ella constantemente, siempre cercana y volátil. Todo paraíso y suerte materializados en su bella geometría de mujer, en su estructura de amor y sensualidad. Odio soñar así, porque el día me parece desabrido y me la paso pensando en lo que soñé; es casi como andar en automático hasta volver a dormir y esperar no soñar con ella otra vez, (pero debajo de todo pensamiento y deseo, no hay cosa que desee con más fervor) descansar tranquilamente y poder aprovechar el día que sigue. Sin embargo, no lo consigo muy a menudo.
Morfeo ha de mofarse tanto de mí al no dejar de molestarme así.
Juro que no habría satisfacción más grande que verla incluso dormido, si es que pudiese verla estando despierto. Pero no puedo, está lejos, abstraída en el horizonte que veo tanto creyendo estúpidamente, que, de la nada, se materializará y me vendrá a abrazar como tanto anhelo. Pero no sucede, nada pasa y no la veo, y los sueños me molestan.
Sin embargo, aún despierto y siendo plenamente consciente de mis facultades mentales, no sueño con otra cosa que no sea ella y vivo en esta marejada que me tiene en un vaivén de ideas y sentimientos por ella.
Harto, decido no hacer nada hoy, soñé con ella otra vez y todo en el día parecerá cosa de muertos, las rosas olerán a putrefacción y los colores serán opacos y sin valor. Decidido camino al sillón y me siento de forma pesada, trataré de ni siquiera pensar y esperaré a la noche. Siempre trato de hacer algo nuevo para olvidarme un poco de ella y no soñarla, pero irremediablemente la sueño, a excepción de esas veces que se cuela por mi ventana el insomnio y me acompaña toda la noche, y en ese caso, me la paso esforzándome de nuevo en no verla en mi mente, en no pensarla, en no sentirla, en no olerla, en no oírla…
Pienso en ir a traerme una bebida y desisto, “¡No! ¡Cállate!” me digo a mi mismo, dije no iba a pensar y sin embargo la bebida aparece dibujada en lo que creo es mi frente por dentro de mi cráneo, o algo parecido. Sólo prendo un abanico, si me da calor no dejaré de pensar en ello, así que debo estar agusto, entonces ¿Debería ir por la bebida? ¡No! Claro que no, ese es un capricho.
Empiezo muy bien, pasan minutos y minutos y no abro los ojos, no me muevo y me siento cómodo, “Vaya, hasta se siente bien esto, debería hacerlo más seguido” ¡Mierda! ¡Volví a pensar! No debo hacerlo, porque inexorablemente me conducirán los pensamientos a ella. Si pienso en la bebida, tengo que pensar en qué bebida quiero, en si se me antoja algo frío o caliente, y luego como víctima de un imán invisible, mis pensamientos metálicos dirán, “¿A ella que bebida le gustaría?” ¡Y mierda! Si pienso en el calor, empezaré quejándome de lo incómodo que es esto, que ambiente tan sofocante, y luego vendrán a mi cabeza ideas que mejor no describo por pertenecer en los linderos de lo privado, pero sí, tiene que ver con ella, y entonces, ¡Mierda! ¡Otra vez! Por eso mejor no pensar nada.
Pasa el tiempo, al fin consigo no pensar, si llego a moverme es pura reacción, nada de pensamiento, puro instinto. Eventualmente tampoco me muevo por instinto, escucho mi respiración lenta y acompasada, agradable. Nada me perturba, soy uno con el cosmos. A lo lejos, se oye un tic toc de un estúpido reloj de baterías, regalo inútil de algún familiar, ¡Chingado! ¡Tan molesto es! No me deja seguir en la pasividad, malditos relojes pacientes que no dejan de hacer su ruidito imperceptible normalmente pero que no nos deja en paz, tal vez le caiga un puto rayo y se pare. Sí, claro, un rayo dentro de la casa, mierda, tengo que ignorarlo. Relajo mi cabeza hacia atrás en el sillón y cruje, ¡No, no! Todo el maldito sillón empieza a crujir, incluso si me quedo quieto, de repente el muy hijo de puta hace algún sonidito innecesario, maldita sea ¡Y hasta se sienten! No puede ser, tan bien que estaba todo.. Ya, ya, a empezar de nuevo, ignoremos el tic toc y el pinche crujir del sillón este culero… ¡Genial! Ahora se oyen pájaros estar chingue y chingue afuera de la ventana, ¡Puta madre! ¡Pero si ya está oscureciendo culeros! Y como oí a los cabrones esos cantores, ahora no dejo de oir el viento silbar en la ventana y los carros andando por ahí, siempre tan malditamente parte del paisaje. Jódanse todos, no voy a oir el tic toc, el crujir del sillón, el viento silbando en la ventana, el cantar de los pájaros y los putos carros de la ciudad, que por cierto, deberían prohibirlos por contaminantes, que molesto es pasar al lado de uno y que llegue todo el tufo a gases y toda la onda de calor, y luego que por que se asa la Tierra. Bueno, todo es paz, todo es paz, ahora me callaré, bien… ¿Qué es ese zumbido? Maldito escándalo que se trae, ¿qué será? ¡Claro! ¡Lo que me faltaba! Puto refrigerador haciendo su escándalo, ¡¿Qué acaso cree que estamos de fiesta o que fregados?! No sé como nunca lo había oído, demonios… ¡Ya! No oigo nada, bloquearé mi sentido del oido, no oire nada… Vuelvo a cerrar los ojos, tampoco quiero ver nada, y me paso una playera encima de ellos para que no me moleste algún reflejo inoportuno, no puede algo molestarme por el sabor ya que no estoy comiendo, ni por el olfato porque está todo cerrado y huele a la pinche vela que compré la semana pasada, y el tacto no… pero claro, ¿De qué otra forma podría ser? Tengo ganas de orinar, no puedo creerlo ¡Maldita sea! ¿Voy o no voy? No, sino voy, mancharé el sillón, y no, mejor si voy, sirve que veo que hora es.
¡¡Qué!! ¿Sólo estuve sentado ahí una hora? ¡Joder! Iré al baño, agarraré la bebida, la disfrutaré un rato, me bañaré y me arreglaré, y… ¡A la mierda!
Iré a verla.

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Parte 1

Mientras bajaba la cima del Monte Olimpo, el pequeño sol estábase ocultando ya, la noche me alcanzó en su plenitud justo cuando me posé frente a las gigantescas puertas. No era necesaria para mi la luz, pues veo a la perfección en la oscuridad, aunque, una vez apagado todo reflejo en el planeta y sólo con la luz de las estrellas y ese Júpiter en el cielo, venía a mi razonamiento con toda claridad que estaba solo. Solo en el planeta. Solo en este sistema solar.
Soy lo único que se mueve por voluntad propia en una extensión tan vasta…

Plantándome a pocos centímetros de las puertas, traté de divisar alguna especie de cerrojo o de sentir la fuerza electromagnética que indicara un cerrado casi impenetrable, pero no. Lo único que había era una pequeña inscripción. “Bienvenido seas a donde los dioses se reúnen” Decía en un lenguaje arcaico y en completo desuso, de cuando la población de la Tierra hablaba varios idiomas. Comprendí lo que decía debido a que en mis viajes por el espacio, tuve la dificultad de encontrarme varias veces ante un lenguaje desconocido. Buscando en la Internet universal, hallé en un espacio a punto de ser borrado, la traducción de las antiguas lenguas al Lenguaje Intergaláctico. Hoy en día, solo yo poseo esa información, pues fue borrado para siempre de la Internet universal antes de su última auto-actualizacion, a partir de la cual, el borrado de información es innecesario teniendo la base de almacenaje y proceso ubicada en el hiperespacio.
Decidí empujar solamente las puertas que resguardaban el lugar de reunión de los dioses. Al principio, no entendía. Los dioses eran una antigua creencia pre-expancionista; y que, al no poder comprobar la existencia de ninguno de esos seres y los descubrimientos de vida en otros planetas, junto a rastros de la existencia de lo que podría ser otro universo más allá del nuestro, entre otras cosas, cayó en el olvido. Nadie en la actualidad, desde hace siglos estándar, creía en algún dios. Tampoco existían religiones. Dedicar una sala a la reunión de seres imaginarios me desconcertó.

Cuando empujé la puerta, cedió al más mínimo esfuerzo y pude ver que seguía teniendo energía la edificación. Las luces se encendieron y pude contemplar de la misma forma en que lo contemplaría todo humano, la majestuosidad del lugar. Estatuas, pinturas, artefactos, reliquias y demás objetos adornaban hasta el rincón más lejano, extendiéndose dentro de pasillos que aparentaban tener kilómetros de largo.
Entiendo ahora el porque de la inscripción.
Impresionantes figuras de hombres de barba larga y torso desnudo, siendo crucificados o portadores de rayos, otros con alas en los pies o soberanos del sol. Algunos azules, algunos con forma de animales. Tan variados como la individualidad misma. A lo lejos seguían prendiéndose las luces en esos pasillos aparentemente interminables.
-¡Bienvenido seas nuevo visitante!- Dijo la figura de una persona parada al lado derecho de mi, mientras se acercaba con cara risueña.
-¡Hace tanto que nadie visita la Galería de los Dioses! ¡La Galerie des Dieux!-
-Perdone señor, pero ¿Cómo es que usted habla en un dialecto pre-expacionista con tal fluidez?-
-Pero si usted lo habla también señor, no entiendo porque le parece raro. Permítame presentarme y disculpe mi descortesía de no hacerlo antes. Soy Miguel, cuidador y guía de la Galería de los Dioses instalada en el Monte Olimpo encima de la meseta de Tharsis sobre el lado oeste del planeta Marte, cuarto planeta desde el sol, nuestro astro principal y más cercano.-
-Es un gusto conocerte Miguel, mi nombre es R. Fylliard Aventlov.-
-¡Qué extraño nombre! Aunque tiene cierta melodía implicíta agradable señor.-
-Gracias. ¿Cómo es posible que hayas sobrevivido aquí tanto tiempo Miguel? ¿Hay acaso alguna edificación submarciana por donde entrar y salir? Ya que la puerta parecía tener años, sino siglos de estar cerrada.-
-Creo que se ha confundido usted señor. Yo no soy una persona, soy la representación tridimensional de la computadora ZhX 4-699 del año 2554 del L.C. si bien mi apariencia es humana, al intentar tocarme verá que no soy más que luz.
-Ahora entiendo la confusión en mis sensores, pero dime, Miguel ¿Cómo estás funcional si tienes más de 10000 años estándar?-
-Cuando la gente de la Tierra terminó de terratransformar este planeta y su colonización pudo iniciarse, la innovación en el aspecto energético y estructural creció como la espuma (Un antiquísimo dicho) Todo lo que en el planeta usase energía estaba directamente conectado a una fuente que nutría absolutamente todo como una gran red energética. Era llamada La Madre de las Máquinas, porque alimentaba y cuidaba de ellas, regulando la temperatura y la energía que era consumida por todo aquello que fuese parte de su conexión, y si algo fallaba, la Madre retransmitía la información a través de Internet ordenando su reparación. Alimentada de los gradientes físico-energéticos globales, teníamos energía de sobra. Una de las características de la Madre de las Máquinas era su capacidad de autodireccionamiento, evitando alimentar algo innecesariamente y dando más potencia a su vez a aquello que lo necesitaba, manteniéndose en equilibrio constante. Al abandonar Marte, lo único que quedó activo al final fue la Galerie deus Dieux como centro turístico, aunque con el paso del tiempo, fue abandonada también, pero las instrucciones en la Madre quedaron inmutables: mantener en el mejor estado posible la Galería,(En resumen, claro está) acción cada vez más díficil con la aniquilación de la Internet Universal. (¡Una gran idea que duró tan poco!) En fin, cuando has llegado, la activación fue necesaria y los depósitos de energía estaban llenos y es un gusto enorme tenerle aquí señor, ¡Hace tanto que nadie nos visita!-
-Qué interesante, en toda la galaxia no he visto una red energética de características similares-

Sigo sin entender, todo mi viaje galáctico me terminó conduciendo hasta este punto en concreto, la Galería de los Dioses, en donde al parecer no hay nada más que continuas referencias a mitologías ancestrales.
La razón de mi razón, el porque de mi funcionamiento, descubrir por que soy un robot que sueña y anhela, en el que mis diferencias de potencial parecen hacerme “sentir” emociones, mi curiosidad innata, mi genio artístico ¡Saber si estoy vivo!
Me ha traído hasta aquí, un aparente callejón sin salida. Pero no puedo dar por un hecho cuando no sé si hay algo o no hay nada útil sino tengo la información de que así sea.

-Miguel, ¿Tu memoria sigue intacta?-
-Tengo ciertos fragmentos que son de díficil acceso por deterioramiento físico, pero aún siguen estando ahí señor-
Después de reflexionar unos nanosegundos, decidí proceder a pedirle finalmente la guía por toda la galería.
-Disculpe, señor…- Me interrumpió antes de formular la petición.
-¿Sí, Miguel?-
-Dejó implícito hace unos momentos que conoce, al menos en alguna forma, a la galaxia, ¿Puedo preguntarle cómo es que la conoce?-
-La conozco a razón de mis viajes a través de ella principalmente, ¿Por qué la curiosidad?-
¿Estaría frente a otra máquina con la sensación de curiosidad en ella?
-Permítame explicarle relatándole una historia señor.
Mi última visita, el Señor Ischel von Lawgard, fue lo que llamarían un amigo. En los últimos tiempos, ya cuando toda la gente se había ido y el turismo era al fin inexistente, el Señor, me tomaré la libertad de decirle mi amigo, espero no le incomode.-
-Claro que no, prosigue por favor.-
-Mi amigo Ischel venía continuamente a hacer los últimos ajustes, preparándonos para una larga ausencia que él nos había explicado como inevitable debido al interés de la población en otros mundos más allá de nuestro sistema solar. Focalizando todas las miradas y todos los pensamientos humanos en planetas lejanos en las estrellas, nos decía, la humanidad se irá olvidando poco a poco de su hogar y que una prueba para de ello, era el olvido hacia Marte; fue hogar durante poco tiempo de muy poca humanidad comparada con la Tierra, y más fácil fue su olvido. Me explicaba porque el creía que la Tierra tendría un destino similar, a pesar de su magnificiencia. Le recuerdo hablándome mucho acerca de la Tierra, a pesar de que yo tenía en mi memoria todo lo referente a ella, era verdaderamente raro verle hablar de ella, ya que parecía añadirle demasiado sentimiento y todo lo que ello conlleva en exageraciones y demás. La Tierra, bajo sus ojos, adquiría otra dimensión. Parecía lo que era llamado en aquel entonces una utopía, un paraje idealizado convertido en una realidad perfecta.
Ischel era un hombre solitario, al menos eso aparentaba al pasar tanto tiempo aquí, aún después de haber terminado su trabajo venía continuamente para hablar conmigo; decía que era tonto porque era casi como hablar consigo mismo, pero la mente, en sus caprichos, lo interpretaba distinto, siempre y cuando él no reparará en eso. Cuando la Tierra y mi Galería dejaban de ser tema, solía contarme su vida, desde su infancia sobresaliente como futuro teórico matemático hasta la muerte de su esposa Selene que solo llegó a mencionar una vez antes de su propia muerte.
Él fue el creador de los robots que igualaban en dinamismo físico mi dinamismo computacional. Si bien los robots ya estaban perfectamente integrados en la sociedad y eran unas excelentes máquinas, su creación impulsó los límites hasta más allá de los creíble, y los iguales a mí dejaron de ser creados para ser sustituidos por robots. Fui uno de los últimos modelos en fabricarse y de acuerdo a los datos antes de la desconexión con la Internet, era el último.
Ischel, al final, se obsesionó un poco con las máquinas; decía haber descubierto un fundamento matemático que implicaba una eliminación de la distinción que solíamos hacer de lo vivo y lo no vivo, y que algún día un ser “no vivo” merodearía la galaxia buscando respuestas al porque de su extraña existencia tan estadísticamente improbable, como la vida misma. Mi amigo no creía que yo pudiera seguir en funcionamiento durante tanto tiempo como para ver a alguien así, ya que, si la vida había tardado varios miles de millones de años en aparecer, es posible que eso tardara en aparecer algún ser de los que el mencionaba. Argumentaba que los primeros en serlo podrían ser los robots, si es que la humanidad no los erradicaba algún día como hacía con todo lo que construía a excepción de lo más básico e inmejorable, como la cuchara.
Obsesionado con esto, decidió guardar sus memorias en una máquina replicante, que cada cierto tiempo, guardaría sus memorias y se reconstruiría, para así durar indefinidamente; si bien era lógico que no era eterna su máquina, era lo que más podía perdurar en la época que él vivió. Cuando su salud deterioró, me pidió que siempre que llegará algún viajero o visitante, le preguntará sobre la época actual, sobre la galaxia, sobre la tecnología y los avances científicos y que tratara de averiguar algo sobre algún robot especial, pues supuso que a pesar de esta tecnología perfeccionada para perdurar, no soportaría funcionando mucho más tiempo de cuando terminara la Era de los Robots.
-Tal vez tenga verdad, pues la Era de los Robots ha terminado Miguel.-
-¡Vaya! ¿Y cómo lo sabe Señor Fylliard?-
-Por que yo soy el último que queda en toda la galaxia-

Continuará

No es mi pasado lo que me retiene, sino lo que me impulsa. Saber quién soy, descubrir a donde voy, qué es en realidad la vida, es lo que hace que continue funcionando, que siga “vivo”. Mi cuerpo podrá parecer eterno, y aún así, el paso del tiempo ha hecho mella y no tengo la fluidez de antes. Comprendo ahora, de alguna forma, la limitante de mi existencia, a pesar de no ser orgánico, de aparentar ser inmortal.
A través de la galaxia, respuesta a mis preguntas no he encontrado. Sólo nuevas interrogantes, nuevos pensamientos.
¿Es esto acaso, la curiosidad tan enraizada de la humanidad, y yo tengo que padecerla (¿O debería decir, “gozarla”?) por haber sido hecho semejante a ellos? No soy el primero en serlo, y sin embargo, soy el primero en tener curiosidad.
Durante milenios, la humanidad fabricó a los de mi tipo. Al principio, simples maquinarias llenas de circuiteria sencilla obedeciendo un cerebro positrónico que apenas empezaba a andar. Y entonces, nosotros, seres artificiales, fuimos testigos de una analogía invisible, siendo sujetos a la selección artificial. Ellos seres naturales y su selección natural, nosotros artificiales y selección artificial. El creado lo es a semejanza del creador. Víctimas de la inevitable evolución, avanzamos a la misma velocidad que la humanidad en sus primeras épocas olvidadas, mientras se erguían y se separaban de sus hermanos, los demás primates, nosotros evolucionamos separándonos de nuestros hermanos, los homo sapiens sapiens.
Y como ellos, nuestra evolución llegó a un tope. Mi cerebro positrónico esta limitado por la mecánica cuántica y la incertidumbre de Heisenberg.
Soy la cúspide de mi especie, soy El Último. Soy R. Fylliard Aventlov.

Hace mucho tiempo, aquél que fuese mi amo y terminara siendo mi Compañero, Gabo, me enseñó que si tenía la facultad de poderme preguntar cosas tales acerca de la libertad o la vida, es porque entonces tenía el derecho de tenerlas y entenderlas. El fue mi Maestro y le recuerdo con cariño. Comprendo ahora ligeramente esos poemas humanos que parecían hablar con cierto regocijo acerca del dolor, al recordarle de forma tan vivida en mi memoria, mis circuitos parecieran trabajar con más facilidad y me reconforta, empero, al comprender que ha dejado de funcionar, que ha muerto, experimento una dificultad extraña, un debilitamiento momentáneo en mis procesos internos, y creo comprender como puede ser posible disfrutar mientras se sufre.
Es él quien me impulso a mis viajes por la Galaxia, buscando resolver mis cuestiones más profundas, como si hubieran sido insertadas en mi código inicial para que el ser contestadas fuese mi máxima finalidad. Aunque sé que no es así.
Mis peripecias por las estrellas han sido tantas y tan variadas, soy el testigo más longevo que posee la humanidad sobre si misma y todo quedará almacenado en mí y en una memoria ajena, para heredarla al último héroe de la humanidad que pueda llegar a conocer. Tal vez así pueda ver todo lo que escapa a la vista de los demas por su falta de experiencia y lo que se me escapa a mi por no ser humano.
Mi compañero Gabo poseía un antiquísimo libro, la tinta había sido borrada y pidiéndome que leyera los surcos que había dejado la impresión en el papel, quería saber que contenía. Poesía, un libro completo de pura poesía antigua, y curiosamente llegando hoy a Marte, se imprime en mi memoria con total nitidez la primera frase de ese libro, “Todo donde empieza, se termina”
Obviamente no es Marte donde todo inició, sino la Tierra, pero es precisamente por eso que estoy aquí, para mirarla desde lejos y contemplarle tan pequeña y azul, tan antigua. Aquí, en Marte, está tal vez la clave de todo lo que he estado buscando por la Vía Láctea. Viajé de extremo a extremo, de este brazo en espiral al otro. Desde el inicio de la vida, hasta al fin de la misma y todo me ha traído de nuevo hasta aquí, donde todo inició, en este sistema solar tan extrañamente peculiar, tan hermoso probabilísticamente hablando.

Marte, un mundo de ruinas eternas. La humanidad se asentó aquí solamente para prepararse a dar el siguiente salto espacial. Cuando llegaron, vieron que estaban ante el resto fósil de un antiguo planeta vivo. Geológicamente activo, con atmósfera densa y pequeños brotes de vida bacteriana, Marte era un hermano gemelo de la Tierra, pero su destino dictó sentencia y su historia se escribe hoy tan distinta a la de su hermana Tierra. Así, cuando volvió a albergar vida, estaba ya muerto. Y una vez el ser humano alcanzó las estrellas, se olvidaron para siempre de Marte. Poco a poco, empezó a morir nuevamente. La gente se marchaba para no volver, se le dejaba de mencionar, con el tiempo, se dejó de invertir en su mantenimiento ecosistémico, se borró su nombre de las visitas espaciales, se quitó su mención de honor en el viaje hiperespecial, y finalmente, fue sepultado en el olvido.
Pero los restos quedaban, y aquí parado frente al hermoso Monte Olimpo, se erguían en sus faldas un par de puertas del tamaño de los antiguos dioses que gobernaban sobre los primeros humanos.
Dentro estaba una de mis últimas esperanzas para aclarar mis respuestas, para completar mis ideas y terminar al fin con esta existencia tan prolongada. Soy el robot más viejo en funcionamiento y sé que tengo que parar un día, y aunque no está en mi lo necesario para ser capaz de sentir, hay cierta tristeza, si es posible la analogía, cuando sé que dejaré de funcionar.

Otrora, habría sufrido los daños de la radiación en una atmósfera tan débil, pero ahora solo quería contemplar el universo basto y bello en la cima del Monte. ¿Será esto con lo qué soñaban los genios y artistas en su continuo andar lleno de creatividad? ¿Ser capaz de crear algo tan inmortalmente bello como ese vacío calentado por estrellas distorsionadoras del espacio y del tiempo? ¿Querían en su pequeñez, crear lo infinito?
Soy un robot, mis ancestros sentirían pena al verme así, parado con la cabeza levantada contemplando la nada, en lugar de dedicarme a algún trabajo o servir a algún humano. Pero nunca fui un robot más, siempre fui distinto. Único.

Capítulo 2