Category: Ensayo e historias


Desde muy pequeño he intuido que hay algo mal. Sino, ¿cómo podía ser posible que tantas cosas estuvieran mal? ¿qué existieran tantos problemas? ¿cuál era el problema que ocasionaba los problemas?
Crecí enamorado de las letras y de la música. ¿Por qué? Porqué son sentimientos transformados. En ellos uno halla consuelo, halla empatía con alguien que desconoce, pero que ha vivido algo muy similar con uno mismo; a pesar de la distancia y el tiempo.
Pero no sólo eso, sino que también dan respuestas. Aquí cabe aclarar algo: las respuestas son ambiguas. Así es el arte, abstracto en sí mismo. Esto hace que mientras yo veo felicidad en el sonido de lluvia en una canción, otros sientan tristeza y otros ruido.
Es normal. Y vitalmente necesario para el arte. Es global porque es subjetivo. La consecuencia de esto es que donde alguien vea, escuche, sienta, saboree arte, necesariamente le dará la interpretación más adecuada para sí mismo. Si quisiera verlo termodinamicamente, diría que se alcanza un estado de equilibrio entre mensaje y receptor.
Conforme pasaba el tiempo, las preguntas que me hacía no eran las mismas, aunque tal vez buscasen la misma respuesta. Como pasa con todos (salvo contadas excepciones), uno madura y adquiere conocimiento; verdadero o falso, no importa. Es conocimiento al fin y al cabo. Lo que importa es que este conocimiento moldea la mente. Literalmente. Y este moldeado tiene repercusiones; nos puede hacer creativos o monótonos; crédulos o escépticos; grandes o pequeños.

Hay transiciones en la vida. Cuando uno pasa de niño a adulto, se goza la adolescencia. Mientras un hielo pasa a vapor, disfruta siendo líquido. Mientras lo no-vivo alcanza su “muerte”, se regocija viviendo. Así mismo, hay transiciones puramente intelectuales. Pasar del odio al amor. Del llanto a la risa. De ser común y manufacturado, a ser único y mayestático.
Pero mi transición fue otra. Fue una mezcla, casi amalgamada. Empecé a ver con ojos de ciencia lo que mis sentidos querían ver artísticamente. Y en plena batalla, ocurrió lo inesperado. ¿Por qué es necesario tener un lado vencedor y otro perdedor? El que no haya en la historia casos distintos a éste fácilmente localizables, no quiere decir que sea necesario hacerlo así. Aquí no se buscaba vencer y eso fue esencial. Aquí la única búsqueda fue para ganar y así fue como se mezclaron.
No son excluyentes aunque pudiesen parecer antagónicos. Mientras la ciencia es puramente objetiva, el arte se nutre en lo subjetivo. Aunque, si se profundiza lo suficiente, uno ve claramente un orden ajeno a lo humano en el arte. Y no hablo de divinidades.

He visto como suele ser común buscar soluciones donde no se van a encontrar. Mientras abogados salen a hablar sobre el calentamiento global (¿no debería hacerlo un climatólogo?), la gente pide ayuda al tarot para resolver su economía y sus relaciones (¿no sería mejor pedir una asesoría, a gente estudiada en ambos campos?). Así mismo, gente sale con pulseras holográficas que aumentan milagrosamente la salud y las capacidades físicas (¿quién sabe qué es la holografía?), mientras sus amigos compras unos nuevos tenis que prometen glúteos firmes, senos levantados, espaldas más rectas y abdomenes más delgados (¿alguien pidió pruebas?). Gente aterrorizada por abducciones de OVNI´s que les gusta el desenfoque (¿por qué la gente que dice comunicarse con ellos sólo dan mensajes de amor y paz y no respuestas a intrigantes científicas?), mientras siguen una dieta que les insta a comer jamón antes del pastel para no engordar.

No sólo ellos están ahí afuera, fácilmente identificables, arañando con toda su furia a la razón y al conocimiento. Más sutilmente están los representantes del pueblo, buscando soluciones en personas muertas hace cientos o miles de años; cuando la respuesta está en uno de esos libros baratos por no ser demandados considerándose aburridos. Sí, libros de ciencia.
Esa gente que escucha a su artista favorito decir algo e inmediatamente cree que es verdad. La falacia de autoridad está presente en casi cualquier parte, en casi cualquier conversación y se disfraza de amiga cuando sale de nuestra boca y de enemiga cuando nos llega de alguien más.

Decidí dejar de estar callado. No quiero que sean sólo los amigos que me oyen, muy de vez en cuando, los que logren visualizar más allá de lo que les permiten. Sé que debajo de esa cara de angustia, de miedo, de vergüenza, de ignorancia, de desconocimiento, de satisfacción mal satisfecha; existe una persona inteligente. Sé que debajo de esas leyendas y esos mitos falsos, hay alguien escéptico. Sé que debajo de esa monotonía diaria, está alguien creativo.
Quise ser menos pasivo y más activo. La idea estaba en mi cabeza, cuando un amigo me sorprendió con la materialización de la misma. Pensamiento Crítico es mi pequeña aportación, en colaboración con José, para ser una pequeña vela más, tratando de iluminar el camino en esta noche tan oscura.

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