Category: Prosa


Del sueño y la imposibilidad

Ella ha logrado lo imposible. Soy yo ahora un soñador que desea dejar de vivir en el mundo real; dormir y no despertar, porque sólo en los sueños está. Sólo en los sueños la tengo. Vino como una nube a reconfortar esta piel ardida por el sol, y se hizo la lluvia que tanto necesitaba mi boca. Ella es todo elemento existente; del amor, un perfecto ente. ¿Qué otra cosa podría uno soñar? Aglomera en su pequeño espacio la virtud de lo imposible y lo vanaglorioso del desafío. Es ella incertidumbre y bálsamo; néctar sempiterno de alegrías. Detrás de ella, hordas de hombres cantando victorias para asombrarla. Detrás de ella, mitos y leyendas buscando entretenerla. ¿Qué podría lograr yo, un pobre diablo, cuya única virtud es el verso herido de un corazón que sueña con imposibles?
Quisiera ya no despertar, y verle así, por fin, subyugada al deseo de un hombre. Mortal como todos, y aún así, distinta.
Capricho del mundo. Fuerza de la naturaleza…

Arquieta

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Carta sin razón

Yo no tengo nada que decirle, pero muchas ganas de comunicarme con usted. Usted que a mí no me da nada y sin saberlo me ha dado todo. Yo no veo su gesto indiferente, no, yo no lo veo. Sé que debajo de ese hielo está una pasión que se esconde. Sé que de cada silencio que expresa hay dos sueños que asoman por sus ojos. Eso es lo que yo veo en usted, que permanece silente y enajenada. No le culpo. Para usted los de mi especie somos todos de la misma carroña; adiestrados en el arte de la mentira para conseguir todo lo que no se diga. No le culpo.
Sé que encima de mí hay una bruma que todo lo oculta. Que pareciese ser yo solamente un transeúnte más, que pasando va. Usted no sabe que yo soy de los que siempre van pasando pero nunca se van. Soy como agua de río, nunca la misma pero siempre el mismo. El compás que se graba; la hoja que se cae; el aroma que no vuelve; la ausencia que siempre está.

Soy un nicho de paradojas y usted tiene encima una escafandra. Nos separa la literatura y nos separa la vida. Usted rodeada de céfiro, yo un alma maltrecha. De su boca se enciende el mundo y en mis manos expiran los deseos. Detrás de su hermosura, yo soy sólo una sombra, soñando con alcanzarle vez alguna. Juntos no podemos ser, pero no podemos ser sin el otro. Es tal nuestra naturaleza. Es cruel nuestro destino.

Arquieta

Epístola en un vacío

Siempre he soñado con ser escritor. Con dominar el artificio del verso, ya sea libre o métrico. De preferencia ambos. De poder transmitir, ya sea con rima o sin ella, un sentimiento claro y definido, pero que mantenga una ambigüedad lo suficientemente elocuente como para durar años y traspasar fronteras. Detrás de tanta verborrea, se iban conjugando los “hubieras” con el ayer, y de futuro me iban quedando las migajas que no me comía en mi silencio. Este silencio que suena. Este silencio de frases que se sueltan pero que ya no se agarran.
¿De qué sirve hablar y no ser entendido? No es el idioma el enemigo, sino la estupidez hiperrevolucionada. Esos premios sociales al que desperdicie su vida de mayor manera. ¿Qué más da? La vida es una ramera.

Soñaba con ser escritor para comunicarme con aquellas personas invisibles, que se disfrazan por la calle de transeúntes que no volverás a ver. De personas desconocidas que sin haber llegado se van, y de aquellas que siempre se están yendo pero nunca lo hacen. De gentes que hablan en este lenguaje figurado de sentimientos e ideas, y no en aquel donde lo único que se hace es compartir pragmatismos cotidianos sobre el futbol, el drama televisivo y la mierda recurrente disfrazada de novedad en movimientos que tienen mucho de manipulación y nada de criterio.

Ser escritor para hacerme entender, aunque tal vez ya hubiese pasado a la inexistencia. Por este afán ridiculizado de no poder vivir enteramente solo, de la misma manera imposible en que es vivir acompañado. Para ser rescatado de este naufragio donde no se me permite morir, pero tampoco escapar. Trato de crear un farol con las palabras; una barca con las estrofas que no me llevan nunca a ningún lugar.
El mejor amigo ante la adversidad es un libro, dice Fernando Delgadillo en una de sus canciones. Triste es saberse más unido a personajes de ficción que a entidades reales de carne y hueso. Lo cierto es que no busco algo tangible, sino hasta un simple maniquí bastaría, pero tampoco se busca una idea con presentación rectangular y sustancia orgánica aplastada. Pero es normal, si uno cavila lo suficiente, se da cuenta que cada escritor -y no sé si incluirme- elabora sus personajes de la manera que un bailarín elabora sus pasos: buscando que cada uno sea perfecto, ha ser posible, más perfecto que el anterior. En las vidas ficticias se plasman las vidas que se quisieron vivir, y en las acciones de la trama se pone lo que el autor hubiera querido hacer y no pudo, porque le faltó la sabiduría y el tiempo que se tiene frente a la hoja en blanco.

Seguiré perdiéndome en las letras, en un país que las desprecia. Inspirándome en ellas, aunque sean igual de incomprendidas que yo. Tal vez uno termina adquiriendo las características de su oficio. Tal vez…
Tal vez un día llegue a ser uno con ellas, como el pasto con el rocío; las estrellas con la tierra; o la soledad y el olvido…

Arquieta

En un parque

Aún recuerdo esas noches en el parque aquel, de como me decías que volteara a mirar la luna, grande y brillante, mientras te sentía pegada a mi cuerpo y el mundo seguía su curso ajeno a nosotros dos.
Recuerdo como te maravillaba, y recuerdo sobre todo como ondeaba tu pelo al viento.
Y la noche, simple y sencilla, se nos dibujaba perfecta porque nos teníamos a los dos y nada más importaba. Pero las cosas, tristemente tienen que acabarse, y lo que ayer eran nuestros días hoy son sólo nuestros recuerdos. Las cosas, irremediablemente se las lleva el tiempo.
Caminando en mis noches, a veces llego a ese parque donde tantas veces estuvimos, y me siento en una banca, sin nadie.
La luna sigue saliendo igual de grande y brillante, igual de hermosa. El viento sigue corriendo y yo sigo estando ahí, preguntándome porque no estás aquí.

Arquieta

Carta en la distancia

Me paso las tardes inventándote.
No he dejado que el viento se lleve ni tus risas, ni nada de ti, ni siquiera tus reproches, por temor a irte perdiendo también en mi mente. Te sorprendería ver que tanto puede flaquear un héroe no teniéndote.
Las mañanas no me saben igual desde que tú no estás, todo tiene un tinte de tristeza que nunca se termina. El cielo azul me parece tan desolado sin tus brazos. Y a diario, las horas se me consumen mientras recreo en el espacio tu figura, cansado de tanto extrañarte.
Te fuiste una noche, sin decir un porqué, y desde entonces camino un poco más lento. Un poco más cansado.
Prometí ser tuyo y lo sigo siendo, y tú ahora eres del pasado. Y nuestros besos, nuestras promesas y nuestros abrazos, esos ya no son de nadie, se perdieron en la distancia y hoy sólo yo los recuerdo a veces.
Te confieso que lloro más seguido de lo que quisiera aceptar, aunque suene patético y tu ya no me recuerdes. Sé que digo esto motivado más por la desesperanza de saber que ya no vas a volver y yo vivo esperando ver de nuevo tu reflejo en mi habitación, suplicándole a la noche por tus besos.
Soy como un viejo hermitaño, hallando placer en los recuerdos de antaño, en páginas viejas de libros que de tanto haber sido leídos se están cayendo de gastados. Y sin darme cuenta, tal vez estoy dejando pasar algo maravilloso que se posa junto a mi ventana y que ignoro por estar pensándote. No me sirve un sentimiento si tu te fuiste.
Mis pasos a veces me llevan sin darme cuenta por los caminos que recorrimos, donde todavía huelo tu presencia, y entonces volteo y veo las estrellas, y escucho a los árboles y siento al viento, me estremezco. Sigo estando aquí, para ti, y tu tal vez no vayas a volver jamás.

Arquieta

Felicidades

No tengo nada que decir, hoy en mi cumpleaños. Atrapado en una edad que no es mía, y en un cuerpo que me limita. Y la gente alrededor no se da cuenta del caos en mi interior. Sí, sonrío, cada vez más triste. Sí, me entristezco cada vez un poco más alegre.
No, la vida se va. Como agua en mis manos abiertas, como aire en mi ventana sin vidrios. Como sueños perdidos en mis noches de soledad. No vengas, no lo entenderás. No te aparezcas sino te vas a quedar.
Sí, cuando la distancia es suficiente pretexto es porque las cosas están mal. Al final, todo da igual, uno se queda solo. Solo, tratando de sobrellevar el tiempo, de sobrellevarse a si mismo.
Y esa parte de mí que se perdió hoy, le digo adiós, adiós para toda la vida. No planeo olvidarte, no podré hacerlo. Aun así, sé que la vida sigue, y como tu, tengo que partir. Sólo desearía que no te hayas llevado los mejores años, las mejores vidas. Que me dejases algo, aunque sea una última despedida. Un último beso.
Felicidades.

Arquieta

Amigo

Te afliges amigo, y te comprendo.
Lloras con tus ojos secos, llenos de silencio,
con tus manos caídas faltas de victoria,
con esa mueca rara en tu boca rota.

Sonríes con ese dejo triste en tu mirada
como de quien busca todo sin hallar nada,
sonríes y debajo de ello, yo te comprendo,
son cosas que se hablan sin tenerlas que estar diciendo.

Te quedas solo por las noches anhelando
un amor que no existe, un sentimiento desolado,
duermes con la esperanza de que la vida es larga,
duermes sabiendo que es una esperanza amarga.

Caminas tratando de disimular,
que la gente no sepa si algo anda bien o anda mal,
yo veo tu valentía, esa de caballeros de antaño,
de aquellos que aman tanto y no hacen daño.

De esos que se fueron muriendo por la soledad,
al no hallar esa hermosa mujer digna para amar;
porque ellas aunque no lo sepan, se fueron corrompiendo
conforme los caballeros como tu iban desapareciendo.

Pero no tienes la culpa, amigo mío, de ser así,
peleas y peleas y sé que habrá alguien para ti,
hay cosas por las que se pelean toda la vida
para poder disfrutarlas tan sólo un día.

Arquieta

Entre amor

Usted y yo, para empezar, tuvimos deficiones distintas de la palabra amor.
Para mi, algo eterno, único, invencible.
Para usted, una diversión bonita que podía durar meses, tal vez años…
Tal vez por eso hoy son tan distintos los daños.

De haberlo aclarado desde un principio, es muy probable que de todas formas
nos hubieramos aventado a la aventura.
Yo, tratando de enseñarle que el amor es más que eso,
y usted, bueno, ¿como negarse a la diversión?

Lo que para mí fue una forma de entregarme,
para usted fue una forma de desahogarse.
La rosa y la azucena, la luna y el calor,
son cosas grandes o pequeñas, dependiendo del amor.

Quien sabe, si usted viera lo que hay dentro de mi corazón,
hoy serían distintas las tristezas y las alegrías,
estando yo un poco más contento
y usted sufriendo un poco más adentro.

Sin embargo, las cosas no son así, y solo yo sufro por nuestros besos
mientras usted va regalando los suyos,
y como no hay forma alguna de poder remediar esto
me tiene aquí, en la noche, escribiendo versos.

Está claro que tiene la libertad usted de hacer lo que quiera,
de la misma forma en que yo tengo de hacerlo a la misma manera,
pero creame que si de mi depende, esto no pasaría
porque aunque insignificante en teoría, dígame, ¿Que hacemos con las heridas?

Heridas que usted no tiene y de las que yo ya mi piel no distingo,
quisiera, aunque suene malo, que para los dos fuese lo mismo,
pero usted, veleidad de rosas, claridad de luna, tiene la ventaja de ser mujer
para hacerme desear no dañarle a usted.

Pero recuerde que nuestro dios tiene complejos,
cuando en vez de barba, le salen los senos.
Pero recuerde, que el amor es como la flama que no aprende,
no importa si se le apaga, no importa sino se le quiere…

Arquieta

Poeta maldito

La ciudad, lóbrega y gris, se inunda con sonidos de sirenas por doquier que van a directo a ningun lado. La Luna en el cielo, intermitente, sale tímida entre cada edificio esperando no encontrarse con la muerte. Lejos, se oye un tumulto, gritos desesperados implorando por ayuda que no llega, (el sonido de las sirenas nunca se acerca) y esa pequeña isla de vida queda aislada en este mar de concreto resquebrajado por el paso de los años. Memorias sin rostro van gritando como fantasmas a cada paso que doy, suplicando por un instante que no tengo, la vida que me falta. “Lo siento chicos, estoy más maldito que ustedes” les digo con la mirada, solo por temor a oir que mi voz es más gutural que la de ellos. Un perro altanero se me acerca y me mira a los ojos, para retirarse; dicen que mi mirada es vacía, como si absorbiera lo que me falta y nunca se sacía.
Llego a un límite, y continuo por la izquierda, ¿porque? Me fascina la izquierda, por rebelde. La luz mercurial opaca las estrellas y solo las más vivaces atreven a destellar lo suficientemente fuerte como para verles en medio de la mierda en el aire y el brillo frío y ajeno de las lámparas. De las casas sólo salen voces mécanicas, ni una conversación, sólo el sonido del televisor, de algún altavoz encendido. De la monotonía.
Un disparo viene a romper la quietud y es un bálsamo para el tedio en esta caminata sin sentido. Hallar solaz en ello es igual de estúpido que no hacer nada por evitar su propagación y sucumbir ante el miedo, pero ¿que más da? alguien más se encargará de ponerle fin algún día, mientras nos vamos pudriendo ateridos y estáticos. El mundo es de los valientes y de los insensatos, y creo que es más de los segundos.
Empieza a hacer frío, mi piel se eriza y un temblor reflejo aflora en mi cuerpo, “debí traer una sudadera” pienso, para luego hallarlo estúpido, en la caminata hasta la muerte no hacen falta prendas, se va perdiendo el sentido gradualmente.
Las calles desiertas cobijan la soledad que antes me abrumaba y de la que forzosamente me terminé acostumbrando.

Soy un poeta maldito caminando por la noche con mi cofradía de silencios y mis sueños rotos, que a veces pesan tanto que se me dificulta caminar. El reflejo de algún candor que solía tener hace tiempo que no brota, y ni falta que me hace. Soy ahora el distinto, el que camina incomprendido. Poeta loco ¿Quién te manda serlo?

Quiero un fin y empero no lo encuentro; cada paso, cada huella va sembrando la desidia, la reticencia y el engaño. Cada movimiento de mis brazos al caminar va creando huracanes en algún lugar, y sonrío. Caos al caos genera.
Mis párpados van ocultando cada vez por más tiempo mi mirar, que se fue haciendo completamente innecesario con cada nuevo despertar. ¿De qué sirve ver sin ser visto? Y el continuo tronar de la lluvia al otro lado de mi ventana ennegrecida es uno de mis mejores recuerdos. Si hay algo más triste, que renazca Neruda y me lo cuente.
Horas de caminata y años de divagar, me han traído lejos de la ciudad, de su olor putrefacto y su calor pérfido, al filo de un abismo tan nuevo para mí, que su sombra es más negra que la negrura, solo porque no le ha afectado el percudido de los años. Y es tan oscura mi vida, que el abismo se parece a mi mismo. ¡Malditas sean tus ecuaciones Maxwell! He aquí que polos similares se atraen, pues deseo perderme ahí, donde el viento no llega gracias a la turbulencia infinita y cíclica, donde la luz cae a cuenta gotas en el día más soleado, y hasta la soledad se desola a si misma.
No dije nunca adiós, la muerte llega cuando uno menos lo espera.
Soy un poeta maldito que camina hacia su destino.

Arquieta

Todavía no me digas loco

Que no se enmarque mi ausencia
en el silencio con que divago.
Ojala y desaparezca algún día
la aflicción que a veces me desola.

Quisiera contar tantas cosas que ultimamente
he tenido que callar.
Sin embargo, se me va la voz cuando intento
por un momento hablar.

Es así, siempre me he sentido seguro escribiendo,
abstrayéndome en este ejercicio de llenar
hojas en blanco. Suele ser divertido.
Aún cuando es más bien un juego solitario.

Un juego y un oficio. Una maña y una costumbre.
Un deseo, un sueño, un sentimiento.
Quien sabe, tal vez y termine silenciando mis letras también,
después de tanto monólogo, uno va perdiendo ideas.

Hoy sé que me está pesando esto de traicionar
la reiterada costumbre de hablar con alguien
y expresar todo lo que me va sucediendo, dentro mío.
Creo que este caos esta durando un poco más de lo normal.

Y confieso, no solía importarme.
Es un pandemónium bastante divertido hasta ahora,
pero como toda buena diversión, si se abusa de ella,
termina pasando factura.

No lo sé, puede que al fin esté volviéndome loco
y por eso haya decidido callar,
así nadie puede denunciarme y ser llevado a un sanatorio,
o con un loquero, y pueda seguir libre.

O tal vez estoy harto y necesito otros aires.
Prometo un día perderme inexorablemente
y no volver. Más que prometerlo, me comprometo.
Sólo me queda la duda de cuantos besos daré antes de eso.

Arquieta

Tengo algo que confesar

Tengo algo que decir y sin embargo no hallo las palabras. Tengo que confesar, dicho sea de paso, que cuando el sentimiento me gana, a pesar de mis versos, es muy posible que no pueda decir nada, y no porque no quiera, sino porque no puedo.
Los entresijos de la mente al enredarse con los del corazón parecieren dejarme atontado justo en el momento menos preciso, en ese que necesito cuando te tengo a mi lado para poderte confesar, esto que me carcome muy a mi pesar, y sin embargo no puedo.
Tengo que echarte algo de culpa, si, pero no me lo tomes a mal, ¿cómo puedo concentrarme en decirte cuanto significas para mí y cuanto te he llegado a querer sino dejas de sonreirme tan bella e inmortal? ¿sino dejas de eclipsar al día con el color de tus ojos y la frescura de tu mirar? ¿sino dejas de ser tan etérea y dinámica, tan paciente y volátil, tan única?
Tienes la culpa de ser bella, y no hay mejor culpa que esa. Tengo la culpa de quererte tanto, y estoy dispuesto a pagar la condena.
En todo esto, no hallo todavía la calma necesaria para poder escribir, pues el maremagnun de mis sentidos alrededor tuyo me provoca un caos de sentimientos, que no me importa mucho padecer, porque no hay nada como verte justo en el atardecer. El atardecer permanente en tu cabellera, así como la vida en tus ojos…
Tengo algo que confesarte, y sin embargo, todavía no puedo…

Arquieta

Empiezo a escribir

Empiezo a escribir, de repente y sin mucha idea de que diré, pero quiero escribir porque así me siento libre, así me siento en paz. Así puedo ser quien yo quiera y hacer lo que yo quiera, creando mundos y situaciones, creando sentimientos.
Empiezo a escribir en medio de la noche cuando me asalta la melancolía desgarradora que me deja sangrando al corazón, que me deja aterido en el suelo completamente inmovil, sufriendo solamente mientras mi mirada vaga por el cielo lleno de estrellas de nostalgia.
Empiezo a escribir porque en el ejercicio de hablar conmigo mismo mediante la magia de la escritura, creo poder decir lo que de otra forma callaría, y salen sentimientos que de otra forma se me acumularían en los sueños. Y empiezo todo esto, porque en lo más profundo de mi ser, quiero creer que hablo contigo.
Siento que más que un monólogo, es una conversación pendiente. Y que más que estar aquí sentado solo, estás conmigo un pequeño rato, solo el suficiente para poder sobrevivir una noche más, mientras te espero.
Empiezo a escribir porque te extraño aunque no te conozca y porque tengo sentimientos poderosos como dioses mitológicos dentro de este corazón lleno de cicatrices y con algún que otro pedazo roto. Porque con palabras puedo tenerte cerca, al menos ilusoriamente, y sentirme un poco más completo.
Empiezo porque siento miedo, miedo de saberte lejana y ausente, parte del infinito más allá de mi realidad, parte de una realidad fuera de la mía y de un mundo ajeno a este.
Porque más que miedo, es un deseo que lleva tu nombre en las ideas y en los sentimientos. Y empiezo sin saber que te diré, pero queriendote decir algo. Sin saber como acercarte pero queriendo tenerte cerca. Sin saber como amarte, pero amándote con furia.
Empiezo a escribir y de repente la noche es otra, un poco menos agresiva con el soñador.

Arquieta

Desesperación

El día de hoy fue bastante tranquilo. Nada nuevo que contar, la verdad.
Durante la noche, mientras dormía, aparecía ella constantemente, siempre cercana y volátil. Todo paraíso y suerte materializados en su bella geometría de mujer, en su estructura de amor y sensualidad. Odio soñar así, porque el día me parece desabrido y me la paso pensando en lo que soñé; es casi como andar en automático hasta volver a dormir y esperar no soñar con ella otra vez, (pero debajo de todo pensamiento y deseo, no hay cosa que desee con más fervor) descansar tranquilamente y poder aprovechar el día que sigue. Sin embargo, no lo consigo muy a menudo.
Morfeo ha de mofarse tanto de mí al no dejar de molestarme así.
Juro que no habría satisfacción más grande que verla incluso dormido, si es que pudiese verla estando despierto. Pero no puedo, está lejos, abstraída en el horizonte que veo tanto creyendo estúpidamente, que, de la nada, se materializará y me vendrá a abrazar como tanto anhelo. Pero no sucede, nada pasa y no la veo, y los sueños me molestan.
Sin embargo, aún despierto y siendo plenamente consciente de mis facultades mentales, no sueño con otra cosa que no sea ella y vivo en esta marejada que me tiene en un vaivén de ideas y sentimientos por ella.
Harto, decido no hacer nada hoy, soñé con ella otra vez y todo en el día parecerá cosa de muertos, las rosas olerán a putrefacción y los colores serán opacos y sin valor. Decidido camino al sillón y me siento de forma pesada, trataré de ni siquiera pensar y esperaré a la noche. Siempre trato de hacer algo nuevo para olvidarme un poco de ella y no soñarla, pero irremediablemente la sueño, a excepción de esas veces que se cuela por mi ventana el insomnio y me acompaña toda la noche, y en ese caso, me la paso esforzándome de nuevo en no verla en mi mente, en no pensarla, en no sentirla, en no olerla, en no oírla…
Pienso en ir a traerme una bebida y desisto, “¡No! ¡Cállate!” me digo a mi mismo, dije no iba a pensar y sin embargo la bebida aparece dibujada en lo que creo es mi frente por dentro de mi cráneo, o algo parecido. Sólo prendo un abanico, si me da calor no dejaré de pensar en ello, así que debo estar agusto, entonces ¿Debería ir por la bebida? ¡No! Claro que no, ese es un capricho.
Empiezo muy bien, pasan minutos y minutos y no abro los ojos, no me muevo y me siento cómodo, “Vaya, hasta se siente bien esto, debería hacerlo más seguido” ¡Mierda! ¡Volví a pensar! No debo hacerlo, porque inexorablemente me conducirán los pensamientos a ella. Si pienso en la bebida, tengo que pensar en qué bebida quiero, en si se me antoja algo frío o caliente, y luego como víctima de un imán invisible, mis pensamientos metálicos dirán, “¿A ella que bebida le gustaría?” ¡Y mierda! Si pienso en el calor, empezaré quejándome de lo incómodo que es esto, que ambiente tan sofocante, y luego vendrán a mi cabeza ideas que mejor no describo por pertenecer en los linderos de lo privado, pero sí, tiene que ver con ella, y entonces, ¡Mierda! ¡Otra vez! Por eso mejor no pensar nada.
Pasa el tiempo, al fin consigo no pensar, si llego a moverme es pura reacción, nada de pensamiento, puro instinto. Eventualmente tampoco me muevo por instinto, escucho mi respiración lenta y acompasada, agradable. Nada me perturba, soy uno con el cosmos. A lo lejos, se oye un tic toc de un estúpido reloj de baterías, regalo inútil de algún familiar, ¡Chingado! ¡Tan molesto es! No me deja seguir en la pasividad, malditos relojes pacientes que no dejan de hacer su ruidito imperceptible normalmente pero que no nos deja en paz, tal vez le caiga un puto rayo y se pare. Sí, claro, un rayo dentro de la casa, mierda, tengo que ignorarlo. Relajo mi cabeza hacia atrás en el sillón y cruje, ¡No, no! Todo el maldito sillón empieza a crujir, incluso si me quedo quieto, de repente el muy hijo de puta hace algún sonidito innecesario, maldita sea ¡Y hasta se sienten! No puede ser, tan bien que estaba todo.. Ya, ya, a empezar de nuevo, ignoremos el tic toc y el pinche crujir del sillón este culero… ¡Genial! Ahora se oyen pájaros estar chingue y chingue afuera de la ventana, ¡Puta madre! ¡Pero si ya está oscureciendo culeros! Y como oí a los cabrones esos cantores, ahora no dejo de oir el viento silbar en la ventana y los carros andando por ahí, siempre tan malditamente parte del paisaje. Jódanse todos, no voy a oir el tic toc, el crujir del sillón, el viento silbando en la ventana, el cantar de los pájaros y los putos carros de la ciudad, que por cierto, deberían prohibirlos por contaminantes, que molesto es pasar al lado de uno y que llegue todo el tufo a gases y toda la onda de calor, y luego que por que se asa la Tierra. Bueno, todo es paz, todo es paz, ahora me callaré, bien… ¿Qué es ese zumbido? Maldito escándalo que se trae, ¿qué será? ¡Claro! ¡Lo que me faltaba! Puto refrigerador haciendo su escándalo, ¡¿Qué acaso cree que estamos de fiesta o que fregados?! No sé como nunca lo había oído, demonios… ¡Ya! No oigo nada, bloquearé mi sentido del oido, no oire nada… Vuelvo a cerrar los ojos, tampoco quiero ver nada, y me paso una playera encima de ellos para que no me moleste algún reflejo inoportuno, no puede algo molestarme por el sabor ya que no estoy comiendo, ni por el olfato porque está todo cerrado y huele a la pinche vela que compré la semana pasada, y el tacto no… pero claro, ¿De qué otra forma podría ser? Tengo ganas de orinar, no puedo creerlo ¡Maldita sea! ¿Voy o no voy? No, sino voy, mancharé el sillón, y no, mejor si voy, sirve que veo que hora es.
¡¡Qué!! ¿Sólo estuve sentado ahí una hora? ¡Joder! Iré al baño, agarraré la bebida, la disfrutaré un rato, me bañaré y me arreglaré, y… ¡A la mierda!
Iré a verla.

Arquieta

Hertz

Vienen a gobernar a las lágrimas agonizantes de mi suspirar los desafíos de la vida y las olas del mar. Meciéndose con paciencia senil en la cochera de la muerte, las ganas decididas a suicidarse están. Van acurrucándose obligadas por el frío de la abstinencia las heridas de una pasión descomunal. Durmiéndose los sueños buscan soñar.
Queriendo no querer lo que se quiere sin que se quiera mis querencias van deseando sin algo lograr. Y flageladas y en militar procesión vienen resonando en helicópteros llenos las debilidades de mi pesar. Va rugiendo el sonido de miles de ellos como un enjambre de abejas resonando al compás de un tambor que viene a declarar una guerra que se va a perder.
Estacionadas en sus posiciones llenas del fulgor de la fisión y la fusión las estrellas enfríandose van sin importarles cuanto durarán. Anhelan apagar la telaraña de las noches que motiva nuestro eterno imaginar pero el tiempo no les deja al mantenerles atrás.
Obsesionado, grito a altos decibeles y bajos hertz no buscando que me oigan, sino que me sientan.

Arquieta

A Daniela (Prólogo)

Pasaba las noches entre acertijos indescifrables llenos de preguntas sin respuesta. Pasaban las noches todas ellas de forma igual, conmigo sentado buscando algún pretexto para poderte escribir y frustrado aullando maldiciones antes de dormir sin lograr nada. Pasaba la luna, a veces riendo, a veces viendo, a veces llorando, pero sin poderme ayudar.
Encerrado en mis emociones, buscando alguna que me diera justo en el nervio del amor y la melancolía, encontré sólo la paz que no hallo cuando necesito y que tengo cuando me estorba. Hundido en la desesperación, buscaba tus risas y tus llantos, tu figura ligera como el viento entre mis brazos o tu eterno escuchar en mis penas, y cuando las encontraba perdíase la pluma en sueños y elucubraciones de cosas que jamás llegaron a ser.
Decidido, empezaba escribiendo versos llenos de amor y terminaba rayando versos con la basura como destinatario final.
Decidido, empezaba sintiendo cuanto te quería y terminaba sintiendo cuanto me odiaba.
Aquí, decidido y sin decisión, embargado ante el pesar de verte deslumbrarme la vida y no ser capaz de darte tan siquiera un verso donde aglutine todo un universo, como ese que me das con cada sonrisa.
Creo que en algún lugar escondido en el pasado dejé sin querer la inspiración que me daba la simpleza de tu nombre y la grandeza de tu ser, y denodado, decido arriesgarme adentrándome en los recovecos en la memoria de los momentos que no fueron para tratar de rescatar alguna caricia que debí darte y que por cobarde me guardé.
Esto es solo el inicio, es esto lo que viví en mis noches cuando pensaba en ti y quería darte, por no poder dar más, la frescura de mis letras que mueren sin nacer, pero que tal vez en ti hallen cabida para aguantar un instante ante la inclemencia del tiempo y recuerdes que te quiero tanto; que de por mi serlo te enseñaba que la vida es una flama que se nos consume lento y se nos vive rápido. Quédate conmigo un momento más, esto apenas empieza.

Arquieta