Todos tenemos esos espacios pequeños que nos van nutriendo. Espacios que nadie ve y nadie nota, pero que están ahí y que con el tiempo se adentran en nosotros hasta que forman parte de nuestro ser. Espacios pequeños y personales, sin algo fuera de lo común, con nada de extraordinario, pero llenos de una magia latente que es tan difícil de explicar.
Todos tenemos esos lugares que nos van construyendo, como bloques de nuestras memorias y cimientos de nuestros recuerdos que no nos van a dejar. Lugares que viajan con nosotros disfrazados de algún aroma, de algún destello en un ángulo imposible o escondidos en el sonido que hace una hoja muerta al caer.
Espacios pequeños y secretos que nos permiten ser nosotros mismos. Que dentro de su espacio limitado nos hacen sentirnos libres. Espacios como pieles escondidas que me gusta acariciar.
Ésta colección va dedicada a ellos, porque ahí he llorado, reído, amado y olvidado. Ahí sufrí y reí como nunca. Ahí me sentía pequeño pero seguro. Me sentía grande y único. Me sentía libre.
Y sé que tú también.

Escritos:
Parque

Canción

Lo que no pasó
Arquieta