Mis continuas lecturas, como un maestro paciente,
me han ido enseñando cosas hermosas,
algunas cotidianas y otras tan fuera de lo corriente
que me cuestan tanto poder asimilar.

Así y todo, pude aprender una diferencia
que es más bien una unión,
y vencí a la ilógica reticencia
de separar espacio y tiempo en dimensión.

Son dos caras de una misma moneda;
como el magnetismo y la electricidad
le dieron vuelta a la tuerca
y nos dejó avanzar hacia una teoría general.

¿Sería errado decir que mi espacio es un momento?
Porque he hallado la paz en el instante preciso
mientras dura la melodía en el viento
de una canción que mis males deshizo.

Es una lucha contra reloj en lugar de fronteras.
Ya no son paredes, sino pasados.
Son acordes combinados de cierta manera
que me tienen enamorado.

Así, ya no importa donde esté,
llevo conmigo mi lugar.
Cuando termine solo podré decir que fue,
empezando a extrañar.

Pero serán esos límites invisibles,
ajenos completamente para el mundo,
recordándome que son infalibles
aunque sólo se trate de segundos.

Arquieta