Englobaba el universo
dentro de banquetas maltrechas.
Con algún raspón y un indiscreto beso,
no importaba nada de afuera.

Nos separa menos espacio que el que nos une,
por eso nos solemos frecuentar.
Camino entre sus matices de verde,
imaginando el mar.

Redes de tenues aspectos
se deslizan caóticamente en el suelo;
fragmentos de luz perfectos
para poder imaginar distinto el cielo.

Corro libremente de tus árboles alrededor,
ignorando el ruido de la ciudad.
Eres el resquicio de vida y fulgor
que necesito en la soledad.

Aquí alivio mis penas y me olvido un rato,
¿Qué importa el mundo egocentrista y mentiroso?
Sí aquí adentro tengo mis cabellos largos
y mis sentimientos secretos y vigorosos.

Dentro de líneas de cemento
te dibujas débilmente.
Se nos va acabando el lienzo
y el color igualmente.

Pero estás aquí y mientras todo olvido.
Disfruto de tu tierra suave, tu fresco olor,
de tus costumbres de antaño y verde vivo.
Y me siento de nuevo un niño sin dolor.

Arquieta