Ella se ha aparecido,
las cosas han cambiado.
Nada será lo mismo
cuando eche los dados…

La suerte ha dictado sentencia,
nuestro amor inmortal
cuenta incluso con su preferencia;
ya nada será igual…

Está cerca, la siento sino la veo,
ella vendrá a acomodar mi mundo
tan caótico y ruidoso y feo,
sólo necesito unos segundos…

Mi madre me hablaba del amor
como si fuese un ente ficticio,
que vive sólo en la imaginación
de aquellos que dominan el artificio.

Abandonada por un padre que no conocí,
vivía adolorida en el alma,
“el amor no es como lo pinta, no así”
decía al terminar un cuento de cama.

Y entonces llegó, mi primer amor,
piel blanca y etérea, labios gruesos,
ella era toda vida y pasión
que me estremecía hasta los huesos.

Y vi la mirada de mi madre cambiar,
juraría verle vivir a través de mi
la fantasía de un amor que no iba a llegar
por estar rozando en lo senil.

Pero comprendí que el amor es fugaz
y sin preverlo un día se fue,
y cuando me encontraba cansado de tanto llorar,
comprendí que el llanto era de ella también.

No volví a verle brillo en sus ojos
que se marchitaban más y más con el tiempo.
Tantas cosas se fueron, despojos
que nunca volverían por el sufrimiento.

Prometo no decaer como mi madre.
Ella será mía, será real.
Dejará de ser parte de mi paisaje
para ser mi pareja ideal.

No importa lo que tenga que hacer,
ella no es real sino la nombro.
Las cosas lo que son dejarán de ser,
y tendré el destino sobre mis hombros.

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